[Esp./Eng.] ¿Es el optimismo una medicina o un delirio cultural? (El experimento de estar vivos). || Is optimism a cure or a cultural delusion? (The experiment of being alive).



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¿Es el optimismo una medicina o un delirio cultural?

(El experimento de estar vivos)

Si un observador de otro planeta instalara un laboratorio invisible sobre nuestra atmósfera para estudiar a los humanos, lo primero que anotaría en su informe sería nuestra obsesión por tener la razón. Vería a 8.000 millones de sujetos encerrados en cápsulas invisibles, jurando que el color del cristal de su ventana es el color real del universo. ¿Qué equivocados están?, subrayaría.



Recientemente, me sumergí en dos visiones que parecen habitar planetas distintos, aunque ambas caminan sobre la misma tierra. Por un lado, Daniel Salas, en una pieza para Platzi, nos habla del optimismo como una suerte de "bio-hacking": una ventaja medible, una herramienta financiera y biológica que alarga la vida y mejora el perfil lipídico. Por otro lado, he leído a @psicologopoeta en su reciente publicación sobre los aprendizajes del encierro y la teoría interna, un relato que destila la melancolía del latinoamericano que se mira el ombligo en un contexto de crisis, aferrado a teorías que huelen a biblioteca antigua y a un "realismo" que a veces se confunde con la resignación.

¿Quién tiene la razón? Si destapamos la olla de la "verdad absoluta", sí, lo que sale es el olor a "relativo". La verdad es un cristal roto y cada cultura ha recogido un pedazo diferente, jurando que tiene el espejo completo o el trozo correcto.



El Laboratorio de la Esperanza: La Visión Anglo-Globalizada

Daniel Salas nos presenta el optimismo como una métrica. En el mundo de la productividad y la tecnología, ser optimista es ser "inteligente". Es el optimismo de la Silicon Valley, una suerte de estoicismo moderno donde la felicidad es un KPI (indicador de rendimiento). Salas nos dice que el optimismo flexible nos salva del cortisol y nos empuja a invertir en acciones individuales. Es una visión pragmática: "Me conviene creer que todo irá bien porque mi cuerpo y mi cuenta bancaria funcionarán mejor". Yo, no juego en ningún bando.

Pero, ¿es esto una verdad universal o simplemente la religión del capitalismo tardío? Barbara Ehrenreich, en su libro Smile or Die: How Positive Thinking Fooled America and the World, ya advertía que esta obligatoriedad del optimismo es una forma de control social. Para un ejecutivo en una oficina climatizada de Bogotá o de la Ciudad de México, el optimismo es una elección racional. Para un padre de familia en una zona de guerra o en una economía hiperinflacionaria como la de Venezuela, el "optimismo" de Salas podría sonar como un insulto o una desconexión psicótica.

La Cárcel de Barro o El Lente Latinoamericano

Aquí entra la contraparte, la visión que @psicologopoeta plasma en su post. Es la visión del pensamiento introspectivo, a veces encapsulado, que se nutre de la carencia y del aprendizaje "hacia adentro". En América Latina, a menudo nos hemos refugiado en el intelectualismo y en teorías psicológicas clásicas para explicar nuestra desgracia. Es una postura humana, sí, pero también es subjetiva.



Como bien decía el filósofo José Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo". @psicologopoeta escribe desde su circunstancia, una que carece de puntos de referencia tangibles del exterior y, por tanto, su verdad es una verdad de resistencia. Es el lente de la supervivencia. Mientras que el optimista de Salas busca "florecer", el realista de @psicologopoeta busca "entender el naufragio". Ambos están atrapados en su propia geografía.

Un Viaje por los Lentes del Mundo: ¿De qué color es tu verdad?

Para entender que somos prisioneros de nuestra cultura (sea cual sea), debemos mirar más allá de nuestras fronteras occidentales. Atreverse, muchos lo han hecho.

  • El lente del Gaman (Japón): En la cultura japonesa, existe el concepto de Gaman, que significa aguantar lo insoportable con paciencia y dignidad. Para un japonés, el optimismo ruidoso de Occidente es inmaduro. Su "verdad" es que el individuo debe suprimirse en favor de la armonía del grupo. ¿Es esto pesimismo? No, es una forma de honor.
  • El lente del Ubuntu (África subsahariana): "Yo soy porque nosotros somos". Aquí, la salud mental y la esperanza no dependen de un test LOT-R individual como el que menciona Salas. La esperanza es un flujo comunitario. Si el grupo está bien, yo estoy bien. El optimismo individualista americano aquí se ve como una enfermedad mental, una desconexión del tejido que nos hace humanos.
  • El lente del Absurdo (Europa): Herederos de las dos guerras mundiales, pensadores como Albert Camus nos enseñaron que el mundo es esencialmente absurdo y no tiene un plan para nosotros. El optimismo para un existencialista europeo no es esperar que "todo salga bien", sino aceptar que nada tiene sentido y, aun así, elegir vivir con intensidad. Es un optimismo que nace de la ceniza (ave fénix), no de la estadística.

Y si abrimos la olla: ¿Quién es el dueño de la realidad?

Michel Foucault hablaba de los "regímenes de verdad". No existe una verdad, sino discursos que aceptamos como tales según quién ostente el poder. Daniel Salas representa el discurso del progreso y la optimización. @psicologopoeta representa el discurso de la introspección y la vivencia local.



Si bajamos a la "cloaca" de la que hablaba al principio, descubrimos que el optimismo es, en última instancia, una herramienta de adaptación cultural.

  • En EE.UU. necesitas ser optimista para sobrevivir al aislamiento de la competitividad.
  • En China necesitas ser optimista respecto al destino nacional para encajar en el engranaje estatal.
  • En los países árabes, la frase "Inshallah" (si Dios quiere) desplaza la responsabilidad del futuro fuera del individuo, creando una paz mental que ningún test de psicología occidental puede medir. Debemos entender que TODOS somos diferentes, encapsulados culturalmente.

Crítica a nuestra propia "Objetividad"

Nos creemos objetivos porque leemos estudios científicos o porque hemos "sufrido mucho" y creemos conocer la vida. Pero la ciencia es también un producto cultural de su tiempo. El test LOT-R que Salas menciona es un constructo de la psicología académica occidental. ¿Qué validez tiene para un monje tibetano que busca la aniquilación del "yo" y de sus deseos?

Incluso este escrito que estás leyendo es esclavo de mi propio lente. Mi mención a @psicologopoeta por su "encapsulamiento" es, en sí misma, una postura desde el privilegio de la globalización. Mi validación de la visión de Salas es una postura desde el privilegio del acceso a la educación tecnológica. Y es que yo he mutado, vengo de un país latino y me he enraizado en una de las provincias donde la cultura francesa y británica conviven y se han fusionado con el tiempo.

El Lente como Elección

La pregunta "¿quién tiene la razón?" carece de sentido. Es como preguntar si el color azul es más "verdadero" que el rojo.

Lo que aprendemos al contrastar estas visiones es que la realidad es un laboratorio gigante donde cada uno de nosotros es, a la vez, el científico y la rata. @psicologopoeta tiene razón en su cápsula porque esa teoría le permite dar sentido a su encierro. Daniel Salas tiene razón en su plataforma porque ese optimismo permite a miles de estudiantes no rendirse ante una economía feroz.

Para ser verdaderamente "humanos por excelencia", debemos dejar de intentar convencer al otro de que nuestro lente es el único que enfoca bien. Quizás la única objetividad posible sea reconocer nuestra profunda y hermosa subjetividad.

Todos estamos en el "laboratorio", mirando hacia arriba. Unos ven las estrellas (porque así lo decidieron sus genes y su cultura), otros ven el borde del pozo (porque así lo dicta su historia), y otros simplemente disfrutan del olor del lodo, sabiendo que, mañana, el lente puede volver a cambiar.

¿Qué pasaría si hoy decidieras cambiar de lente? No para encontrar "la verdad", sino para descubrir que el mundo es mucho más grande que la cápsula en la que te has encerrado. Pues, digamos lo que digamos, la razón es un lujo que solo los que no están viviendo de verdad se pueden permitir. Yo prefiero vivir en paz antes que tener la razón.







Creciendo como persona, busca y encuentra lo que necesitas para ser un mejor humano en la Comunidad Holos&Lotus. De seguro, hay un tema que te llamará la atención.



Infografía propia de la Comunidad Holos&Lotus





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Dedicado a todos aquellos que, día a día, hacen del mundo un lugar mejor.
















Is optimism a cure or a cultural delusion?

(The experiment of being alive)

If an observer from another planet were to set up an invisible laboratory above our atmosphere to study humans, the first thing they would note in their report would be our obsession with being right. They would see 8 billion subjects enclosed in invisible capsules, swearing that the colour of their window pane is the true colour of the universe. How wrong they are!, they would emphasise.



Recently, I immersed myself in two perspectives that seem to inhabit different planets, even though both walk upon the same earth. On the one hand, Daniel Salas, in a piece for Platzi, talks to us about optimism as a kind of ‘bio-hacking’: a measurable advantage, a financial and biological tool that prolongs life and improves the lipid profile. On the other hand, I’ve read @psicologopoeta’s recent post on the lessons of lockdown and ‘internal theory’—a narrative that distils the melancholy of the Latin American who is navel-gazing in a context of crisis, clinging to theories that reek of an old library and a ‘realism’ that is sometimes mistaken for resignation.

Who is right? If we lift the lid off the pot of ‘absolute truth’, yes, what emerges is the scent of relativity. Truth is a shattered mirror, and every culture has picked up a different shard, swearing that it holds the complete mirror or the correct piece.



The Laboratory of Hope: The Anglo-Globalised Vision

Daniel Salas presents optimism to us as a metric. In the world of productivity and technology, being optimistic means being ‘smart’. It is the optimism of Silicon Valley, a sort of modern stoicism where happiness is a KPI (key performance indicator). Salas tells us that flexible optimism saves us from cortisol and encourages us to invest in individual shares. It’s a pragmatic view: “It’s in my best interests to believe that everything will turn out fine because my body and my bank balance will function better.” As for me, I’m not taking sides.

But is this a universal truth or simply the religion of late capitalism? Barbara Ehrenreich, in her book Smile or Die: How Positive Thinking Fooled America and the World, already warned that this compulsion to be optimistic is a form of social control. For an executive in an air-conditioned office in Bogotá or Mexico City, optimism is a rational choice. For a parent in a war zone or in a hyperinflationary economy like Venezuela’s, Salas’s “optimism” might sound like an insult or a psychotic disconnect.

The Mud Prison or The Latin American Lens

This is where the counterpoint comes in: the perspective that @psicologopoeta sets out in their post. It is the perspective of introspective thought – at times insular – which draws on a sense of lack and ‘inward’ learning. In Latin America, we have often taken refuge in intellectualism and classical psychological theories to explain our misfortune. It is a human stance, certainly, but it is also subjective.



As the philosopher José Ortega y Gasset so aptly put it: “I am myself and my circumstances, and if I do not save them, I cannot save myself”. @psicologopoeta writes from within his circumstances, ones that lack tangible external points of reference; consequently, his truth is a truth of resilience. It is the lens of survival. Whilst Salas’s optimist seeks to “flourish”, @psicologopoeta’s realist seeks to “understand the shipwreck”. Both are trapped within their own geography.

A Journey Through the Lenses of the World: What colour is your truth?

To understand that we are prisoners of our culture (whatever that may be), we must look beyond our Western borders. Many have dared to do so.

  • The Gaman perspective (Japan): In Japanese culture, there is the concept of Gaman, which means enduring the unbearable with patience and dignity. To a Japanese person, the boisterous optimism of the West is immature. Their ‘truth’ is that the individual must suppress themselves in favour of group harmony. Is this pessimism? No, it is a form of honour.
  • The Ubuntu lens (Sub-Saharan Africa): “I am because we are”. Here, mental health and hope do not depend on an individual LOT-R test such as the one mentioned by Salas. Hope is a communal flow. If the group is well, I am well. American individualistic optimism is seen here as a mental illness, a disconnection from the fabric that makes us human.
  • The lens of the Absurd (Europe): As heirs to the two world wars, thinkers such as Albert Camus taught us that the world is essentially absurd and has no plan for us. For a European existentialist, optimism is not about hoping that ‘everything will turn out all right’, but about accepting that nothing makes sense and, even so, choosing to live life to the full. It is an optimism born of the ashes (the phoenix), not of statistics.

And if we lift the lid: Who owns reality?

Michel Foucault spoke of ‘regimes of truth’. There is no single truth, but rather discourses that we accept as such depending on who holds power. Daniel Salas represents the discourse of progress and optimisation. @psicologopoeta represents the discourse of introspection and local experience.



If we descend into the ‘sewer’ I mentioned at the start, we discover that optimism is, ultimately, a tool for cultural adaptation.

  • In the US, you need to be optimistic to survive the isolation of cut-throat competition.
  • In China, you need to be optimistic about the nation’s destiny to fit into the state machinery.
  • In Arab countries, the phrase “Inshallah” (God willing) shifts responsibility for the future away from the individual, creating a peace of mind that no Western psychological test can measure. We must understand that we are ALL different, culturally conditioned.

A Critique of Our Own “Objectivity”

We believe ourselves to be objective because we read scientific studies or because we have “suffered greatly” and believe we understand life. But science is also a cultural product of its time. The LOT-R test that Salas mentions is a construct of Western academic psychology. What validity does it have for a Tibetan monk seeking the annihilation of the “self” and its desires?

Even this text you are reading is a slave to my own lens. My reference to @psicologopoeta regarding his ‘encapsulation’ is, in itself, a stance taken from the privileged position of globalisation. My endorsement of Salas’s view is a stance taken from the privileged position of access to technological education. The fact is, I have changed; I come from a Latin American country and have put down roots in one of the regions where French and British cultures coexist and have merged over time.

The Lens as a Choice

The question ‘who is right?’ is meaningless. It is like asking whether the colour blue is more ‘true’ than red.

What we learn by contrasting these perspectives is that reality is a giant laboratory where each of us is, at the same time, both the scientist and the lab rat. @psicologopoeta is right in his post because that theory allows him to make sense of his confinement. Daniel Salas is right on his platform because that optimism enables thousands of students not to give up in the face of a ruthless economy.

To be truly ‘human par excellence’, we must stop trying to convince others that our lens is the only one that focuses properly. Perhaps the only possible objectivity lies in recognising our profound and beautiful subjectivity.

We’re all in the ‘laboratory’, looking up. Some see the stars (because that’s what their genes and culture have determined), others see the edge of the well (because that’s what their history dictates), and others simply enjoy the smell of the mud, knowing that, tomorrow, the lens may change once again.

What if you decided to change your lens today? Not to find ‘the truth’, but to discover that the world is much bigger than the bubble you’ve shut yourself away in. Well, whatever we may say, reason is a luxury that only those who aren’t truly living can afford. I’d rather live in peace than be right.




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Muy interesante visión que creo que merece un abordaje profundo y detallado. Por el momento pienso que la intelectualidad latinoamericana ha identificado la mirada eurocentrista y primermundista con la que incluso nos hemos mirado nosotros mismos y ha facilitado la opresión y aceptación del papel de subordinación que no nos toca dentro de un mundo globalizado que enseña a muchas cosas menos a pensar y a ver nuestra propia grandeza potencialmente capaz de reconocerse en sus valores y capacidad de vindicar su desarrollo. Realmente no entiendo el referido contrapunteo con el optimismo que no nos es ajeno porque aborda cuestiones que tienen que ver con el eje hipotálamo-hipofisiario-adrenal que dominamos perfectamente desde la perspectiva académica. Debo realizar una lectura más detallada para lograr entender mejor. Agraddezco profundamente esa posibilidad que me ha brindado estimado @amigoponc.

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Estimado @psicopoeta, agradezco mucho este primer acercamiento tan reflexivo. Tienes razón al señalar cómo esa mirada eurocentrista ha condicionado históricamente nuestra propia percepción de capacidad y valor en Latinoamérica; romper con ese papel de 'subordinación' es, quizás, nuestra tarea intelectual más urgente.

Me parece fascinante que menciones el eje hipotálamo-hipofisiario-adrenal. Ese puente entre la biología del estrés y la actitud ante la vida le da una dimensión científica necesaria al concepto de optimismo, sacándolo del terreno de lo puramente motivacional. Quedo muy atento a tu lectura más detallada cuando el tiempo te lo permita; será un honor profundizar en este diálogo desde tu perspectiva académica y humanista. Un saludo cordial.

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@amigoponc, quizás este detalle pueda ayudarte a matizar un poco el lente con el que me has mirado: no soy exactamente ese "latinoamericano que se mira el ombligo" del que hablas. Viví diez años en Estados Unidos, y fue una experiencia valiosa. Pero también lo fue mi regreso a Latinoamérica, una decisión que tomé por convicción y no porque el "American Way of Life" me resultara ajeno. Más bien, como cantaba Sabina en "Peces de ciudad": "En la fatua Nueva York / da más sombra que los limoneros / la estatua de la libertad, / pero en Desolation Row / las sirenas de los petroleros / no dejan reír ni volar". Esa imagen resuena con lo que vi y viví: un sueño que para muchos proyecta más sombra que luz, y un ruido que a veces ahoga otras formas de estar en el mundo. Yo elegí volver a escuchar otros ritmos, los de esta tierra que también es mía. Y sobre el observador extraterrestre que propones, me pregunto si realmente puede existir una mirada neutral. Hasta los mundos más lejanos tendrían sus propias subjetividades y sesgos. No hay cristal sin color, ni siquiera el que se posa desde las estrellas. Al final, cada quien tiene su forma de estar en el mundo. No hay una única manera válida de habitarlo. Y desde mi lugar, creo que es profundamente optimista aspirar al desarrollo de Nuestra América. No desde la resignación, sino desde la apuesta por sacudirnos la subordinación y construir algo propio. Eso no es mirarse el ombligo, es mirar hacia adelante con los pies en la tierra que uno elige.

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Gracias por compartir esa parte de tu historia personal, @psicopoeta. Las palabras de Sabina que citas resumen perfectamente ese contraste entre el 'brillo' externo y la búsqueda de una luz propia en nuestra tierra. Entiendo perfectamente su punto (el lente que usa): el regreso por convicción es, en sí mismo, un acto de optimismo militante.

Respecto al "observador extraterrestre", me parece una observación muy aguda de tu parte. Es cierto y escapatorio argumentar que no hay cristal sin color; la neutralidad absoluta es una utopía, pues incluso al imaginar otros mundos lo hacemos desde nuestra propia carga subjetiva. Mi intención con esa metáfora era intentar tomar distancia de nuestros sesgos cotidianos, pero coincido con usted en que la mirada siempre está situada. Me quedo con tu definición de optimismo: esa apuesta por construir lo propio con los pies en la tierra que uno elige. Yo elegí mi paz antes que tener la razón. Ha sido un placer intercambiar visiones. ¡Bendiciones!

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Un placer @amigoponc. Coincido plenamente con usted en que nada es más importante que nuestra paz. Desde mi perspectiva, los debates son esenciales —creo que la historia humana lo demuestra—, pero no los veo como una lucha por tener la razón, sino como una oportunidad para ofrecer mi mirada y, tal vez, matizar la de otros. He escrito algunas publicaciones al respecto, y ahí sostengo que empeñarse en que nuestro criterio prevalezca termina siendo un obstáculo para la comunicación. Defiendo la escucha atenta y la aceptación genuina de la diversidad de criterios.
Mi publicación que usted comentó apuntaba justo a eso, a cuestionarnos incluso nuestras propias certezas. Por eso sus comentarios me descolocaron un poco, porque mi invitación siempre ha sido mirar la realidad con muchos lentes para acercarnos a la objetividad, y ponerlo todo en duda para construir una verdad con sus matices.
Me encantan los versos de Whitman que dicen:
"¿Que yo me contradigo? / Muy bien, pues: me contradigo. / (Soy enorme: contengo multitudes.)"
Pertenece a la sección 51 de Canto de mí mismo, en Hojas de hierba...
Ha sido un intercambio muy enriquecedor. Bendiciones.

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¡Wow, qué increíble post! Tendría que leer la versión de Salas, me parece muy interesante. Bueno, en ocasiones uso el optimismo, como dicen, para mantener la esperanza de que el mañana será mejor, pero también acojo los momentos duros, porque son los que nos enseñan.

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