[Esp./Eng.] Entre el Dulce y la Resiliencia. || Between Sweetness and Resilience.
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Cada semana, la comunidad #topfamily se convierte en un espacio de introspección gracias a la iniciativa del amigo @lanzjoseg, quien con su sección "Observa, Piensa, Escribe" nos empuja a mirar más allá de lo evidente. Una fotografía, por simple que parezca, es capaz de desatar un torrente de memorias, miedos y esperanzas. Hoy, frente a mis ojos, aparece un corazón de chocolate. Es una imagen que, en cualquier otro contexto, me invitaría a la celebración, al aroma de la vainilla horneada y al placer de un postre compartido. Sin embargo, al observar esa superficie oscura y densa sobre el plato blanco, mi mente no viaja hacia el azúcar, sino hacia la profundidad de una herida que no termina de cerrar.
Entre el Dulce y la Resiliencia
Soy, por naturaleza, una amante de las tortas, me gusta el proceso de ver cómo el fuego transforma la masa en algo tierno y reconfortante. Pero hoy, mi corazón se siente distinto; se siente, paradójicamente, como ese chocolate: oscuro, denso y con una grieta invisible que lo atraviesa. Al principio, la oscuridad de la cobertura me hizo divagar por senderos sombríos, pues no pude evitar pensar en el panorama político que asfixia a mi tierra; recordé a Delcy Rodríguez y esos 180 días reglamentarios que ayer se cumplieron ante la ausencia absoluta en el poder, un vacío que se llena con un silencio ensordecedor tras los eventos que nos sacudieron hace apenas una semana. Es un silencio que pesa, como pesa el chocolate espeso sobre un bizcocho que intenta sostenerse.

Imagen de la iniciativa, cortesía de @lanzjoseg.
Sin embargo, tras ese primer pensamiento amargo, la imagen mutó ante mis ojos. Dejé de ver una figura política o un vacío legal y comencé a ver el corazón del venezolano. Ese corazón que, a pesar de estar bañado en la oscuridad de la incertidumbre y el luto, sigue siendo un guerrero. Desde la distancia, a miles de kilómetros de mi Caracas natal, la perspectiva se vuelve dolorosa pero clara. Me doy cuenta de que mis hermanas y hermanos venezolanos son héroes silenciosos. Mi familia, mis amigos, aquellos con los que hablo a diario a través de una pantalla, son los que mantienen viva la llama de la dignidad. Son corazones que han sido horneados en el fuego de la crisis, pero que se niegan a desmoronarse.
Estar lejos no significa estar ausente. Cada noticia, cada silencio y cada suspiro de mis seres queridos resuenan en mi pecho con la fuerza de un tambor. Este corazón de chocolate, con sus virutas esparcidas como si fueran fragmentos de sueños rotos, representa nuestra capacidad de seguir siendo "dulces" en medio de tanta amargura. Es la representación de un país que, aunque parece derretirse por los bordes, mantiene su forma esencial, su esencia de amor y de entrega. ¡Dios, qué tragedia!
A mis hermanos venezolanos que hoy sienten que lo han perdido todo, les envío estas palabras como un abrazo que cruza fronteras: no están solos en su sentir. A los que nos dejaron, a esas almas que hoy descansan tras haber entregado su último aliento por la libertad y la justicia, pido paz eterna para sus restos y honor para su memoria. Y finalmente, quiero expresar mi más profundo agradecimiento a todos aquellos que, sin importar su nacionalidad o su cercanía, han extendido una mano, han pronunciado una palabra de aliento o han realizado un aporte desinteresado para ayudar al caído. En esos gestos de humanidad es donde realmente late el corazón de un mundo que, a pesar de las sombras, aún cree en la luz del prójimo. Porque, incluso con el corazón roto, todavía somos capaces de reconstruirnos. ¡Bendiciones!
Bienvenidos todos a esta, mi participación de la semana en el TopFiveFamily. Si es de tu agrado participar, aún estás a tiempo. Este es el enlace Observa⇾Piensa⇉Escribe. Recuerda cumplir las reglas…

Portada de la iniciativa.
Dedicado a todos aquellos escribas que contribuyen, día a día, a hacer de nuestro planeta, un mundo mejor


Every week, the #topfamily community becomes a space for introspection thanks to the initiative of our friend @lanzjoseg, whose "Observe, Think, Write" section encourages us to look beyond the obvious. A photograph, however simple it may seem, is capable of unleashing a torrent of memories, fears, and hopes. Today, before my eyes, appears a chocolate heart. It's an image that, in any other context, would invite me to celebration, to the aroma of baked vanilla, and to the pleasure of a shared dessert. However, as I observe that dark, dense surface on the white plate, my mind doesn't travel to the sugar, but to the depths of a wound that refuses to heal.
Between Sweetness and Resilience
I am, by nature, a cake lover; I enjoy the process of watching the fire transform the dough into something tender and comforting. But today, my heart feels different; it feels, paradoxically, like that chocolate: dark, dense, and with an invisible crack running through it. At first, the darkness of the broadcast led me astray, as I couldn't help but think about the political landscape suffocating my homeland. I remembered Delcy Rodríguez and those 180 days of mandatory presidency that passed yesterday, a period marked by her complete absence from power—a void filled with a deafening silence following the events that shook us just a week ago. It's a silence that weighs heavily, like thick chocolate on a cake struggling to stay upright.

Image of the initiative, courtesy of @lanzjoseg.
However, after that initial bitter thought, the image shifted before my eyes. I stopped seeing a political figure or a legal vacuum and began to see the heart of the Venezuelan people. That heart which, despite being bathed in the darkness of uncertainty and mourning, remains a warrior. From a distance, thousands of kilometers from my native Caracas, the perspective becomes painful yet clear. I realize that my Venezuelan brothers and sisters are silent heroes. My family, my friends, those I speak with daily through a screen, are the ones who keep the flame of dignity alive. They are hearts forged in the fire of crisis, yet they refuse to crumble.
Being far away doesn't mean being absent. Every piece of news, every silence, and every sigh from my loved ones resonates in my chest with the force of a drum. This chocolate heart, with its shavings scattered like fragments of shattered dreams, represents our capacity to remain "sweet" amidst so much bitterness. It is the representation of a country that, though it seems to be melting at the edges, maintains its essential form, its essence of love and devotion. God, what a tragedy!
To my Venezuelan brothers and sisters who today feel they have lost everything, I send these words as a hug that crosses borders: you are not alone in your feelings. To those who have left us, to those souls who now rest after having breathed their last for freedom and justice, I pray for eternal peace for their remains and honor for their memory. And finally, I want to express my deepest gratitude to all those who, regardless of their nationality or proximity, have extended a hand, offered a word of encouragement, or made a selfless contribution to help the fallen. In these gestures of humanity, the heart of a world that, despite the shadows, still believes in the light of our neighbor truly beats. Because, even with a broken heart, we are still capable of rebuilding ourselves. Blessings!
Welcome everyone to my entry for this week's TopFiveFamily. If you'd like to participate, there's still time. Here's the link: Observe⇾Think⇉Write. Remember to follow the rules…

Cover of the initiative.
Dedicated to all those writers who contribute, day after day, to making our planet a better world.

Maravillosamente bien contado, de verdad que si, son héroes silenciosos. Un gran abrazo.
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Recibe un gran abrazo, me sentí conectada con los sentimientos los que expresaste, pues siento una grieta en mi y una angustia que me comprime. Todavía sigo en oración por todos los que están vivos en los escombros y por los que partieron dejando "pendientes" en este plano, por los que tienen el corazón roto por tanto dolor y por la incertidumbre de sí la falla del Pilar se halla activado con este golpe tan noble, porque nosotros la tenemos cerquita y en Carúpano no ha dejado de temblar... asi que seguimos caminando en la reconstrucción y la resiliencia, fortalecidos por la solidaridad de los nuestros y de los que vinieron a ayudarnos. Agradecida por todas las muestras de cariño.
Si yo, que me encuentro tan lejos, me esiento mal, me imagino estar en territorio venezolano, palpal la necesidad, el desastre..., las réplica... Debe ser una experiencia nunca vivida para muchos. Yo recuerdo el terremoto de 1967, 1993 y 1997 en Caracas. Ví por ejemplo, como se hundieron las torres del Parque Central en el 67... Pero algo que si reconozco, es que el ejercito salió a las calles para ayudar, sin haber pasado 20 minutos del suceso, algo que no sucedió esta vez (triste).
Un abrazo con muchas bendiciones. Tratemos de no sentirnos culpables o incapaces de no poder contribuir, al menos con nuestras oraciones.
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