El amor que sembramos hoy en Lukas será parte del hombre que será mañana

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Desde que me convertí en mamá, he aprendido que los niños crecen mucho más rápido de lo que imaginamos. A veces miro a Lukas y me cuesta creer cuántas cosas ha aprendido en tan poco tiempo. Cada día me sorprende con algo nuevo: una palabra, un gesto, una ocurrencia, una manera diferente de entender lo que ocurre a su alrededor.

Es pequeño, pero su inteligencia parece crecer a una velocidad increíble. Observa todo, aprende de nosotros y, aunque muchas veces todavía no puede explicar con palabras lo que piensa, encuentra la manera de demostrarlo.

Pero si hay algo que me emociona incluso más que verlo aprender, es descubrir el niño tan cariñoso que está creciendo.

Lukas abraza mucho. Nos da besos a mí y a su papá, busca estar cerca de nosotros y, de alguna manera, nos recuerda todos los días que el amor también se expresa con pequeños gestos. A veces llega, nos abraza sin que se lo pidamos o nos da un beso de repente, y esos momentos, aunque parezcan sencillos, llenan mi corazón de una felicidad difícil de explicar.

He escuchado a muchas madres decir que sus hijos no disfrutan demasiado los abrazos, que no les gusta que los toquen o que son menos demostrativos. Y sé que cada niño tiene una personalidad diferente. No todos expresan el amor de la misma manera, y eso también está bien.

Pero cuando veo a Lukas ser tan afectuoso, no puedo evitar preguntarme si, de alguna forma, Lázaro y yo estamos haciendo algunas cosas bien.

Somos padres primerizos. No tenemos un manual y muchas veces aprendemos mientras avanzamos. Nos equivocamos, tenemos dudas y seguramente todavía nos quedan muchas lecciones por aprender. Sin embargo, hay algo que siempre hemos intentado cuidar: el amor que existe dentro de nuestra familia.

Lázaro y yo nos abrazamos, nos damos cariño y tratamos de demostrarnos afecto delante de Lukas. Queremos que él crezca viendo que el amor no solo se dice, sino que también se demuestra.

Y cuando tenemos alguna diferencia o necesitamos hablar de algo que puede convertirse en una discusión, procuramos hacerlo sin que él esté presente o pueda escucharnos. No sé si siempre lo hacemos de la manera correcta, porque todavía estamos aprendiendo a ser padres, pero sentimos que proteger su tranquilidad también es una forma de cuidarlo.

No queremos que Lukas crezca pensando que una familia perfecta es una familia donde nunca existen desacuerdos. Sabemos que eso no es real. Queremos que aprenda que las personas pueden pensar diferente, molestarse o tener problemas, pero que también pueden hablar, respetarse, pedir perdón y volver a encontrarse desde el amor.

Porque los niños observan mucho más de lo que creemos.

Ellos aprenden mirando cómo nos hablamos, cómo reaccionamos cuando algo no sale bien, cómo tratamos a las personas que amamos y cómo resolvemos nuestras diferencias. Tal vez Lukas todavía sea muy pequeño para comprender todas nuestras conversaciones, pero estoy segura de que ya siente el ambiente que existe a su alrededor.

Por eso deseo que, cuando mire hacia atrás algún día, recuerde un hogar donde se sintió protegido, escuchado y profundamente amado.

Quiero que sepa que siempre tuvo un lugar seguro al que regresar.

Quiero que nunca sienta vergüenza de abrazar, de decir “te quiero”, de llorar o de demostrar cariño.

Quiero que sea un hombre noble, respetuoso y capaz de amar sin miedo.

Y aunque sé que su personalidad será únicamente suya y que no podremos decidir cada aspecto de la persona en la que se convertirá, sí creo que el amor que sembramos hoy puede acompañarlo durante toda su vida.

Quizás cada abrazo que recibe le enseñe que merece ser querido.

Quizás cada beso le recuerde que el cariño es algo hermoso.

Quizás cada vez que vea a sus padres tratarse con respeto aprenda que amar no significa controlar, humillar ni hacer daño.

Y quizás, cuando sea un adulto, lleve dentro de sí una parte de todo lo que vivimos juntos.

No sé cómo será Lukas dentro de veinte o treinta años. No sé qué sueños tendrá, qué caminos recorrerá ni qué decisiones tomará. Pero deseo que, cuando llegue ese momento, conserve la ternura que tiene hoy.

Deseo que siga siendo un hombre capaz de abrazar a quienes ama.

Que sea respetuoso con su pareja, cariñoso con su familia y sensible ante el dolor de los demás.

Que nunca crea que ser fuerte significa dejar de sentir.

Y que, aunque la vida le presente momentos difíciles, siempre recuerde que nació y creció rodeado de amor.

Tal vez no seamos los padres perfectos. Probablemente cometeremos errores y habrá días en los que no sepamos qué hacer. Pero cada decisión que tomamos nace del deseo de darle a nuestro hijo una infancia bonita y un hogar donde pueda sentirse seguro.

Cuando Lukas nos abraza y nos llena de besos, siento que, de alguna manera, el amor que intentamos darle está encontrando su camino de regreso.

Y entonces comprendo algo:

Quizás no podamos enseñarle todo sobre la vida, pero sí podemos enseñarle que amar es bonito, que el cariño nunca debe dar vergüenza y que un abrazo sincero puede convertirse en un refugio.

Porque los niños crecen, cambian y un día dejan de caber en nuestros brazos.

Pero el amor que reciben durante su infancia puede quedarse viviendo en ellos para siempre. 💙

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