El niño que quería volar | Cuento

En un pequeño pueblo retirado de la ciudad, vivía un niño que no le tenía miedo a soñar, imaginaba cosas y siempre buscaba lograr sus objetivos, no para demostrarle nada a nadie, si no por demostrarse a sí mismo que podía llegar lejos.

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Una mañana, despertando como siempre con el canto de los gallos, Andres se levantó como siempre a alimentar las gallinas y ordeñar la vaca para la leche y así junto a sus abuelos desayunar algunos panes. Mientras comía se quedó mirando al cielo a través de su ventana y noto algo en las alturas.

—¿Qué es eso, Abuelo Juan?—

—Un avión— respondió el anciano, quien luego le explicó a Andres de que se trataba y cual era la función de ellos. El niño quedó sorprendido y pasó todo el día pensando en aquello que había visto en las alturas, volando entre las nubes.

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Fuentes 1, 2

Pasaban los días y el pequeño niño no dejaba de pensar en ese Avión, si tan solo pudiera subirse a uno, pudiera ir más lejos, salir del pequeño pueblo, estudiar y darle una mejor vida a sus abuelos, pensaba, mientras ideaba la forma de lograrlo.

Una mañana la abuela de Andres, salió a buscarlo pero algo estaba mal, el niño no aparecía por ningún lado, preocupada fue a buscar a su esposo y comenzaron a buscarle fuera y dentro de la casa, entre las gallinas, junto a la vaca, pero no había nada. Llamaron a los vecinos y nadie lo había ocupado para un mandado.

Los abuelos se regresaron a casa preocupados y cuando miran hacía el techo de la misma notan un gran pajaro sobre la humilde vivienda, el cual entendió sus alas y se lanzó hacía el frente para emprender su vuelo, pero en una fallida misión cayó al piso y fue cuando se escuchó el grito de la anciana "¡Andres!".

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Andres había pasado toda la noche pensando en como hacer para volar y se hizo unas alas de cartón, quería volar alto y llegar a aquel avión que vio, para llegar lejos, para conocer otros caminos, rumbos y destinos, pero su trabajo fue en vano. Las alas no funcionaron y cayó entre el rosal, no le pasó nada grave y su abuela pudo curar sus heridas, pero no la de su corazón que estaba triste por no lograrlo.

Pasaban los años y Andres seguía en el mismo lugar, comenzó a estudiar y aprendió a manejar, también sabía arreglar carros, era todo un genio, nadie lo detenía, arreglaba cuantas cosas podían y todos en el pueblo le conocían. Era querido por muchos y también algunas chicas le pretendían pero el se mantenía firme ante la idea de cumplir su sueño.

En una oportunidad Andres conoció a un Señor que pasaba por el pueblo, un tipo con dinero y sin ninguna mala intensión. Al ver la inteligencia de Andres le preguntó si siempre quería vivir en ese mismo lugar, a lo que joven muchacho le respondió:

—Este lugar no es malo, aquí me regalaron la vida, pero siempre he querido volar alto, me hice unas alas y no funcionó, supongo que no es para mí la idea de llegar más lejos—

El señor quedó sorprendido con la respuesta de Andres y mirándolo pensó en ayudarlo, le dijo que no tenía que renunciar a sus sueños y que la gente si alas también puede volar y llegar a las alturas. El joven, se llenó nuevamente de esperanzas y retomó su idea de querer volar.

El señor antes de irse prometió volver por él en unas semanas, le pidió que estuviera listo para ese momento, que él le enseñaría a volar y le mostraría que sin alas también podía llegar lejos.

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Al cabo de 2 semanas el hombre regresó por Andres, quien tenía listas sus malestas. Ya para este tiempo sus abuelos no vivían, por lo cual no tenía miedo a iniciar una nueva aventura. Ya no había nadie que le atara a quedarse y muchos menos a regresar, sin embargo el llevaría con orgullo el lugar donde había nacido.

En su recorrido conoció tres países diferentes, adoptó nuevas costumbres, conoció comidas, bailes y costumbres distintas. Nunca se cerró a la idea de aprender de los demás y donde iba dejaba sus huellas, haciendo que quienes le conocieran le tuvieran cariño.

Aprendió a amar cada lugar donde llegó y de cada uno guardo una historia, historia que contaría a sus generaciones. Tenía más anécdotas que contar que años de vida, parecía siempre tener una nueva y distinta, todos se aombraban con sus aventuras, pero sobretodo con la alegría que había en sus ojos cada que contaba una.

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Mientras se dirigía por las calles del país de las maravillas, al más alto salto del mundo y la brisa rosaba su cara, Andres se dio cuenta de que no necesitaba alas y que sin tenerlas el estaba volando.


Moraleja: No debemos rendirnos ante la posibilidad de lograr alcanzar nuestros sueños, quizás el camino sea distinto pero la meta siempre puede ser la misma. No hacen falta tener alas para poder volar y llegar lejos.

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Texto de mi autoría



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8 comments
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Que historia más grandiosa, se la voy a leer a mi hijo para que vea que los sueños se pueden hacer realidad, su moraleja me gustó mucho porque no debemos dejarnos vencer por las pruebas que se nos ponen en el camino, cada vez que caemos debemos aprender y levantarnos más fuertes. Disfrute mucho la lectura de tu post, muchas gracias por compartir

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Muchas gracias por compartirlo con tu pequeño. Está inspirado en mi papá, un poco cambiada la historia, pero él era el niño que quería volar y llegó más lejos de lo que creía.

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Un sabio dijo alguna vez "Si lo puedes soñar lo puedes lograr"
Todo viaje empieza en nuestra mente, queda en nuestras manos hacer esos sueños realidad
🙏👍

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No debemos dejar de soñar y sobre todo trabajar y luchar por nuestro sueños.
Un abrazo

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Muy buena historia, yo recuerdo que cuándo era pequeño, también creaba historias, pero actualmente no recuerdo muy bien de ningunos, saludos!

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Me encantó tu historia muy bonita, y lo más importante es dejar un mensaje en cada historia, cuento o relato. Imaginar en nuestras mentes cosas es hacer volar nuestros deseos de cumplir lo que queremos.

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