Amor de madre | Relato| Mother's love [ESP/ENG]

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— ¡Tosa…! ¡Puje…! ¡Brinque…! Ordena la mujer uniformada de verde. Desde su posición de cuclillas, completamente desnuda, Leticia la ve a la cara con un dejo de asombro.

— No puedo saltar, mis rodillas no me lo permiten, apenas si logro sostenerme recostada a la pared…

— ¡Está bien, vístase…! Le grita a la cara la joven militar, a pesar de que entre una y otra la distancia es de apenas unos palmos.

Mientras recoge sus cosas del suelo, se endereza con dolor, y busca la manera de cubrir su desnudez, Leticia comienza a pensar en Manuel, su hijo menor, causante de sus desvelos…

Hace ya dos años que, jueves a jueves, Leticia cumple con el penoso ritual de visitar a Manuel en la cárcel. Dos años que han multiplicado por mil sus sesenta años de vida.

Leticia lo recuerda cuando era pequeño, es el tercero de sus hijos, antes de él La Providencia la premió con dos buenos muchachos, una hembra y un varón. A todos los crió igual, a todos les enseñó las mismas cosas, a todos los ponía a rezar el rosario cada noche antes de ir a la cama. Pero a diferencia de los otros hermanos Manuel era distinto, rezongón, cabeza dura…

Leticia siempre supo que el muchacho iba a ser problemático. Su primera “travesura” fue como a los siete años, apareció en la casa comiéndose una chupeta. Al preguntarle de dónde la había sacado, él respondió sereno y con mucha tranquilidad: “me la regaló un señor, mamá”

— ¿Un señor…? Dijo ella, y lo agarró por la oreja arrastrándolo hasta donde el “Oriental” que vendía dulces en la esquina.

— ¡Pídale perdón al “Oriental”…! Dígale que usted no lo hace más. —Yo no hice nada, mamá…

De un bofetón Leticia le volteó la cara a Manuel, pidió perdón al “Oriental”, pagó el importe de la chupeta, le imploró que si veía al muchacho en cosas malas se lo dijera inmediatamente. Agarró de nuevo a Manuel por la oreja y entre pescozones y zarandeos lo arrastró de regreso a la casa.

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Pero las cosas no mejoraron, al llegar la adolescencia el muchacho se perdía por días. A los oídos de Leticia llegaban todo tipo de cuentos, ella sabía que eran verdad. Pero Manuel era su hijo querido. ¿Qué `podría hacer si no pedir a Dios que encarrilara al muchacho?

De pronto Manuel comenzó a llevar grandes cantidades de dinero a la casa.

— Toma, mamá para que hagas mercado para María Luisa, Pedro y tú… Decía con cara de satisfacción.

— Hijo, con el favor de Dios aquí nada nos falta, puedes llevarte tu dinero, nosotros no lo necesitamos. Pero Manuel invariablemente lo dejaba en la mesa. Leticia levantaba con asco las pacas de billetes y las quemaba en la hornilla de la cocina.

Las historias sobre Manuel no cesaban, los vecinos murmuraban al paso de Leticia; ella no sabía ya qué hacer.

Cierto día Manuel se apareció con un carro grande, medio lo aparcó en la acera del frente, dejó los vidrios abiertos, venía completamente borracho. Apenas entró a la casa, se tiró en el sofá y allí se quedo rendido.

Leticia fue a cerrar los vidrios del carro. Cuando abrió la puerta trasera divisó en el asiento una bolsa negra, grande. Con cuidado la palpó, la sopesó en el aire, la llevó a la casa y con una linterna la escudriñó…Sus ojos se inundaron de lagrimas, la bolsa contenía una gran cantidad de joyas y dinero. Decidida a hacer algo por su hijo resolvió guardarla.

Al despertar Manuel se dirigió hacia el carro… Regresó vuelto una furia. Golpeó con el nudillo la pared, partió el espejo de la sala…

— !Mama, tú agarraste una bolsa del carro…! Gritó Manuel…

— Yo no he visto nada. Tú dejaste ese carro abierto, respondió con entereza Leticia…

— ¿Estás segura mamá…? Lo que había allí es muy importante, me puede traer problemas, mamá. ¿Estás segura que no la has visto…mamá?

—Segura estoy, Manuel. Yo no he visto nada.

—Sin despedirse y en medio de un arrebato de rabia, Manuel se fue de la casa.

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— Leticia tomó la bolsa, se dirigió a la parada de autobús. Espero una ruta que pasaba por un puente cercano al río, se bajó como a dos cuadras, su idea era dejar que el río se hiciera cargo de las joyas y el dinero. Mientras caminaba un malestar se apoderó de ella, sintió una garra en las entrañas, un fuerte estremecimiento la hizo detenerse. Desandó sus pasos. Montó en otro bus, uno que pasaba por la central de policía…

Al llegar a la estación policial pidió hablar con el oficial de guardia. Por suerte le tocó un hombre amable.

— ¡Señor, vengo a entregar a mi hijo, él escogió el mal camino…! Aquí están las pruebas de sus delitos…Por favor…, no le digan nunca que fui yo quien lo entregó…

— No se preocupe señora. Usted nunca vino a esta comisaría, respondió el oficial con la mirada compungida.

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A los cuatro días Leticia se enteró de la detención de Manuel. Le informaron que podría visitarlo los días jueves…

— ¡Traigan a Manuel, que aquí está tu mamá…! Grita uno de los presos encargado de acomodar las visitas.

Leticia espera a Manuel sentada en el banco de cemento, con pausa saca los restos de comida revuelta que los guardias han dejado luego de la inspección. Con la mirada perdida espera que esta semana Manuel acepte su responsabilidad, que reconozca todas sus faltas…

Al final de la visita, antes de despedirse, y como ha hecho cada semana en los últimos dos años, clava los ojos en Manuel.

—Hijo, ya lo has pensado bien…Reconoce tus faltas para que quedes en paz con la Justicia Divina.

— ¿De qué hablas, vieja? Yo no he hecho nada. Ni siquiera sé por qué me tienen aquí. La gente habla muchas pendejadas. Nadie quiere ojos bonitos en cara ajena. ¡Yo soy inocente, mi vieja…!

Una lagrima caliente rueda por la mejilla de Leticia.

Gracias por tu tiempo.

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-Cough...! Push...! Drunk...! commands the green-uniformed woman. From her squatting position, completely naked, Leticia looks at her face with a hint of astonishment.

-I can't jump, my knees won't let me do it, I can barely hold myself up leaning against the wall...

-All right, get dressed...! The young military woman shouts in his face, despite the fact that the distance between them is only a few feet.

While she picks up her things from the floor, painfully straightens up and looks for a way to cover her nakedness, Leticia starts to think about Manuel, her youngest son, the cause of her sleeplessness...

For two years now, Thursday to Thursday, Leticia has been fulfilling the painful ritual of visiting Manuel in prison. Two years that have multiplied by a thousand her sixty years of life.

Leticia remembers him as a little boy, he is the third of her children, before him Providence rewarded her with two good boys, a female and a male. She raised them all the same, taught them all the same things, and had them all pray the rosary every night before going to bed. But unlike the other siblings, Manuel was always different, nagging, hardheaded...

Leticia always knew the boy was going to be a troublemaker. His first "mischief" was when he was about seven years old, he appeared in the house eating a lollipop. When she asked him where he had gotten it, he answered calmly and very calmly: "a man gave it to me, mom".

-A gentleman...? she said, and grabbed him by the ear and dragged him to the "Oriental" who sold candy on the corner.

-Apologize to the "Oriental"...! Tell him you don't do it anymore. -I didn't do anything, mom....

With one slap Leticia turned Manuel's face away from her, apologized to the "Oriental", paid the amount of the lollipop, implored him that if he saw the boy doing bad things, he should tell her immediately. He grabbed Manuel by the ear again and between slaps and shakes dragged him back to the house.

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But things did not improve, and when he reached adolescence the boy was lost for days. All kinds of stories reached Leticia's ears, she knew they were true, but Manuel was her beloved son. But Manuel was her beloved son, what could she do but ask God to put the boy back on track?

Suddenly Manuel began to bring large amounts of money into the house.

-Here, Mom, so you can make a market for Maria Luisa, Pedro and you..." he said with a satisfied look on his face.

-Son, with God's favor we lack nothing here, you can take your money, we don't need it. But Manuel invariably left it on the table. Leticia would pick up the bales of bills with disgust and burn them on the stove.

The stories about Manuel went on and on, the neighbors whispered as Leticia passed by; she didn't know what to do anymore.

One day Manuel showed up with a big car, half parked it on the front sidewalk, left the windows open, and was completely drunk. As soon as he entered the house, he threw himself on the sofa and there he lay down.

Leticia went to close the windows of the car. When she opened the back door she saw a large black bag on the seat. She carefully felt it, weighed it in the air, took it to the house and with a flashlight she scrutinized it... Her eyes were flooded with tears, the bag contained a large amount of jewelry and money. Determined to do something for her son, she decided to keep it.

When Manuel woke up, he went to the car... He came back in a fury. He knocked on the wall with his knuckle, broke the mirror in the living room...

-Mom, you took a bag from the car...! Manuel shouted...

-I didn't see anything. You left that cart open, Leticia answered with fortitude...

-Are you sure mom...? What was there is very important, it can bring me problems, mom. Are you sure you didn't see it...mom?

-I am sure, Manuel. I haven't seen anything.

-Without saying goodbye and in a fit of rage, Manuel left the house.

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Leticia took the bag and went to the bus stop. She waited for a route that passed by a bridge near the river, she got off about two blocks away, her idea was to let the river take care of the jewelry and the money. As she walked, an uneasiness took hold of her, she felt a claw in her gut, a strong shudder made her stop. She retraced her steps. She got on another bus, one that passed by the police station...

Arriving at the police station, she asked to speak to the officer on duty. Luckily he got a friendly man.

-Sir, I have come to hand over my son, he chose the wrong path...! Here is the evidence of his crimes...Please..., don't ever tell him that it was me who turned him in....

-Don't worry, ma'am. You never came to this police station," replied the officer with a compassionate look on his face.

Four days later Leticia learned of Manuel's detention. She was informed that she could visit him on Thursdays...

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-Bring Manuel, your mother is here...! shouts one of the prisoners in charge of accommodating the visitors.

Leticia waits for Manuel seated on the cement bench, slowly removing the leftover food that the guards have left behind after the inspection. With a blank stare she hopes that this week Manuel will accept his responsibility, that he will recognize all his faults...

At the end of the visit, before saying goodbye, and as he has done every week for the last two years, he fixes his eyes on Manuel.

-Son, you have already thought it through... Acknowledge your faults so that you may be at peace with Divine Justice.

-What are you talking about, old woman? I haven't done anything. I don't even know why they have me here. People talk a lot of bullshit. Nobody wants pretty eyes on other people's faces. I'm innocent, my old lady...!

A hot tear rolls down Leticia's cheek.

Thank you for your time.

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Saludos @irvinc , buen relato, nada fácil la decisión de entregar a su propio hijo, según lo plasmado. Bendiciones.

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Una decisión muy difícil sin duda. No todas son tan valientes. Muchas gracias por la visita y el comentario, estimado @lopez0611. Que estés bien.

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Saludos amigo este es un relato que refleja los valores que le inculco su madre desde un principio no permitió que se formara como un delincuente desde la infancia, sin embargo el jóven no dio su brazo a torcer y continùo en sus fechorías, no le quedó de otra a la madre con todo el dolor de entregarlo a la justicia. Excelente escrito que mantiene el lector atento de lo que va a suceder.

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Así, es estimado, @cetb2008. A veces los padres hacen lo correcto pero los hijos toman sus decisiones, ahí no se puede hacer mucho. Está señora hizo algo muy difícil, decidió no ser alcahueta, hay que tener mucha convicción para hacer lo que ella hizo. Me alegra que haya sido de tu agrado. Que estés bien. Bendiciones para la familia.

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