Hispaliterario 7 |Un colmillo en el camino | A tusk in the road

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Larga ha sido la travesía con el agotador sol de la sabana. A la distancia el imponente promontorio de tierra llama la atención de África, empuja con la trompa el lomo de su pequeño Manny presionándole los pasos.

La elefanta lo mira tiernamente, revisa en su memoria y se sorprende de lo rápido que ha crecido, ninguna de las dos crías anteriores tuvo un tamaño semejante, pero claro, es el primer macho que ha tenido y estos tienden a ser más grandes que las hembras; a los seis meses Manny supera el metro y medio de altura, va a ser uno de los gigantes de su especie.

Otro golpe de trompa y la madre y el hijo quedan frente al amarillento promontorio. La elefanta camina con parsimonia y tantea con ligeros movimientos de cabeza la dureza del material, necesita saber que esa formación hallada en el medio de la sabana tenga la consistencia adecuada, que no se vaya a desplomar cuando empiece la faena.

Más de una vez ha pasado que estos promontorios cedan ante la fuerza de las embestidas, sepultando a las pequeñas crías en gruesas capas de tierra. A un elefante cubierto de tierra no le es fácil sobrevivir durante mucho tiempo…

Para Manny ese día comienza un nuevo entrenamiento, algo que nunca conocieron ninguno de los elefantes de otros tiempos…

El pequeño se resiste pero África lo empuja, lo presiona contra el promontorio. Lo acerca con dulzura hacia la teta y deja que succione durante un rato; lo separa contra su voluntad…

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Luego baja y sube la cabeza del pequeño, la desplaza de derecha a izquierda presionando contra el muro de tierra. Esto debe hacerlo muchas veces, hasta que el cerebro de Manny haya construido la asociación entre la comida y el ritual del frotamiento.

Manny echa el cuerpo hacia atrás, impulsado por el dolor. La madre se mantiene firme, siente como suyo el dolor del hijo, pero sabe que debe formar el hábito. Eso se tomará un buen tiempo hasta que Manny logre vencer el dolor. Frotar y frotar contra cualquier objeto duro es la única posibilidad de atrofiar los colmillos, una de las garantías de no perecer a manos de los hombres traficantes de marfil.

Nadie sabe cuando comenzó esta práctica, cuando fue que un mandato de la naturaleza hizo que las madres elefantas empezaran a enseñar a los machos a frotar los colmillos contra cualquier objeto duro que resistiera la fuerza del animal. Ha debido ser un proceso paralelo al vivido por las hembras, las que hace más de cincuenta años comenzaron a nacer sin colmillos.

Para los machos el frotamiento debe repetirse constantemente. Una práctica que deben hacer a partir de los seis meses y hasta mediados de su vida adulta, alrededor de los treinta años. Ya para ese momento la naturaleza ha hecho su trabajo y el cuerpo del elefante dejará de alimentar los atrofiados colmillos. Pero encontrar ese objeto adecuado para el frotamiento puede ser una odisea. En la inmensidad de la sabana no abundan las formaciones capaces de resistir la fuerza del elefante.

De momento África está tranquila, se acerca la temporada invernal, con la lluvia la vegetación se multiplica y habrá suficiente para toda la manada. Quizá puedan estar en la zona uno o dos meses, el tiempo necesario para superar la parte más difícil del entrenamiento…

Finaliza el invierno tropical y la manada ha consumido todos los recursos en la zona del promontorio, deben desplazarse a nuevos destinos en busca de comida.

El tamaño de Manny es imponente, en cualquier momento comenzará su travesía en solitario hasta encontrar una manada de machos que lo acepten. África lo ve reconfortada, tranquila, sabiendo que ya a los diez meses está preparado para vivir. Él mismo busca por su cuenta donde frotar los colmillos; a veces contra un promontorio de arena y piedras; otras, contra algún frondoso árbol. Y en ausencia de todo eso lo más difícil y doloroso, estrellar la cabeza contra la tierra, lo que implica abrir sus pesadas patas para no desplomarse en el esfuerzo…

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Caminan uno al lado del otro cuando un extraño objeto les llama la atención, es largo, curvo y de forma cónica. Instintivamente ambos se acercan para escrutarlo con sus trompas, sienten algo en él que les resulta familiar, quizá el olor, o lo delicado del acabado...

Luego de unos minutos continúan su camino, ni África ni Manny pueden saber que se trata de un colmillo de elefante. Lo que antes fue común ahora es una auténtica rareza. La naturaleza decidió retirarlos de los elefantes para evitar su extinción.

Las últimas luces del ocaso son testigos de un suceso inusitado, desde tierras muy lejanas comienzan a llegar elefantes... hembras y machos, grandes y pequeños. Un mensaje transmitido en el pequeño temblor producido por sus patas al golpear la tierra se ha extendido por cientos de kilómetros. La gran manada reunida observa cómo la elefanta de más edad parte a su destino final.

Cuenta la leyenda que este puede ser un largo viaje. La elefanta debe despistar a cualquier cazador furtivo, no debe dejar ningún rastro que permita a los humanos llegar hasta el mítico cementerio de elefantes, donde se supone debe haber millones de colmillos de los que vivieron en otras épocas. Pero la elefanta mayor tampoco supo en su larga vida lo que fue un colmillo de elefante.

Esta es mi participación para el concurso Hispaliterario 7. Para darle continuidad a la iniciativa invito a las amigas @mafalda2018 y @ramisey.

Gracias por tu tiempo.

Fuente de imágenes. I II III

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Long has been the journey in the exhausting sun of the savannah. The imposing promontory of earth attracts Africa's attention, she pushes with her trunk the back of her little Manny pressing his steps.

The elephant looks at him tenderly, checks in her memory and is surprised at how fast he has grown, neither of the two previous calves had a similar size, but of course, he is the first male she has had and these tend to be bigger than the females; at six months Manny is over one and a half meters tall, he is going to be one of the giants of his species.

Another blow of the trunk and mother and son stand in front of the yellowish promontory. The elephant walks with parsimony and with slight movements of her head she feels the hardness of the material, she needs to know that this formation found in the middle of the savannah has the right consistency, that it is not going to collapse when the work begins.

More than once, it has happened that these promontories give way under the force of the onslaught, burying the small calves in thick layers of earth. It is not easy for an elephant covered in earth to survive for long...

For Manny that day begins a new training, something that none of the elephants of the past ever knew...

The little one resists but Africa pushes him, presses him against the promontory. She gently pulls him closer to the teat and lets him suck for a while; she separates him against his will...

Then she lowers and raises the little one's head, and once it is stuck to the ground, she moves it from right to left. This must be done many times, until Manny's brain has built up the association between food and the rubbing ritual.

Manny pulls his body back, driven by pain. The mother stands firm, feeling the son's pain as her own, but she knows she must form the habit. That will take a good while until Manny manages to overcome the pain. Rubbing and rubbing against any hard object is the only way to atrophy the tusks, one of the guarantees of not perishing at the hands of the ivory dealers.

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Nobody knows when this practice began, when it was that a mandate of nature made mother elephants start teaching males to rub their tusks against any hard object that resisted the animal's strength. It must have been a parallel process to that experienced by the females, which more than fifty years ago began to be born without tusks.

For the males, the rubbing must be repeated constantly. A practice that must be done from the age of six months until the middle of their adult life, around thirty years of age. By that time, nature has done its job and the elephant's body will stop feeding the atrophied tusks. But finding that right object for rubbing can be an odyssey. In the vastness of the savannah there are not many formations capable of resisting the elephant's strength.

For the moment Africa is calm, the winter season is approaching, with the rain the vegetation multiplies and there will be enough for the whole herd. Perhaps they will be able to stay in the area for one or two months, the time necessary to overcome the most difficult part of the training...

At the end of the winter season the herd has consumed all the resources in the area of the promontory, they must move to new destinations in search of food.

Manny's size is imposing, at any moment he will begin his journey alone, until he finds a herd of males that will accept him. Africa sees him comforted, calm, knowing that at ten months old he is ready to live. He himself looks for a place to rub his fangs; sometimes against a promontory of sand and stones, sometimes against a leafy tree. And in the absence of all that, the most difficult and painful thing, to smash his head against the ground, which implies opening his heavy paws so as not to collapse in the effort...

They walk side by side when a strange object catches their attention, it is long, curved and conical in shape. Instinctively they both approach it to scrutinize it with their trunks, they feel something familiar about it, maybe the smell, or the delicate finish...

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After a few minutes they continue on their way, neither Africa nor Manny can tell that it is an elephant tusk. What was once common is now a real rarity. Nature decided to remove them from the elephants to prevent their extinction.

The last lights of the sunset are witnesses of an unusual event, from far away lands elephants begin to arrive, females and males, big and small. A message transmitted in the small tremor produced by their feet hitting the ground has spread for hundreds of kilometers. The large herd gathered together watches as the oldest elephant leaves for its final destination.

Legend has it that this can be a long journey. The elephant must throw off any poachers, she must leave no trace that would allow humans to reach the mythical elephant graveyard, where they suppose there must be millions of tusks of those who once lived. But the older elephant also did not know in her long life what an elephant tusk was.

This is my participation for the contest Hispaliterario 7. To give continuity to the initiative I invite friends @mafalda2018 and @ramisey.

Thanks for your time.

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Todos tus comentarios son bienvenidos en este sitio. Los leeré con gusto y dedicación.

Hasta una próxima entrega. Gracias.


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Las fotos, la edición digital y los Gifs son de mi autoría.


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Desolación, supervivencia, instinto y coraje son algunas de las palabras que vienen a mi mente cuando intento comentar esta historia que narra el día a día de estos gigantes en peligro de extinción a través de una redacción prolija y fluida, con una voz neutral que invita a la reflexión sin caer en el sentimentalismo. ¡Sencillamente brillante! Gracias por compartir.

Desolation, survival, instinct and courage are some of the words that come to mind when I try to comment on this story that narrates the day to day life of these giants in danger of extinction through a neat and fluid writing, with a neutral voice that invites reflection without falling into sentimentality. Simply brilliant! Thanks for sharing.

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Me alegra que te haya gustado. Ojalá la naturaleza pueda quitarle los colmillos antes que los acaben los cazadores. En estos días leí un artículo donde decían que ya muchas hembras están naciendo sin colmillos. Muchas gracias por pasar y comentar estimado @juniorgomez. Que estés bien. Un fuerte abrazo desde Maracay.

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Una impecable narración; sencilla por su estilo e interesante por su mensaje. Gracias por ser parte de esta iniciativa.

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Muchas gracias a ustedes por promover estos espacios para la creatividad.

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Me encantó tu excelente narración, desde adentro y presentando el matriarcado en la comunidad de los elefantes. Además me encanta como manejas en el relato el hecho de elefantes nacidos sin colmillos. Excelente amigo, genial. @irvinc

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Me alegra que te haya gustado. Es una historia un poco extraña pero sería una posibilidad de evitar la extinción de los elefantes. Gracias por pasar y comentar. Un fuerte abrazo desde Maracay.

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Es cierto, ya no serían perseguidos por sus colmillos.
Un abrazo también para ti
♥♥♥

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