La devaluación y el barrio |The devaluation and the neighborhood

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Luego de unos meses de relativa estabilidad cambiaria la economía venezolana entra una vez más en modo incertidumbre. En apenas una semana el Bolívar se ha desplomado con relación al dólar. Para el 18 de agosto de 2022, la tasa del Banco Central de Venezuela marcaba una cotización de 5.97 bolívares por dólar. En el momento de la publicación de esta nota, viernes 26 de agosto, la tasa oficial es de 7.83. mientras que la del mercado paralelo, el verdadero marcador de la economía, supera los 9 bolívares por dólar.

Ante este panorama se remueven en la memoria de la mayoría de los venezolanos recuerdos tristes y dolorosos. No es la primera vez que vivimos devaluaciones de este tipo. Una serie de errores económicos, repetidos una y otra vez, han sumido a la economía en un estado de inflación crónica que ha roto todos los records mundiales.

Los efectos de la devaluación se sienten con mayor o menor intensidad en función de los niveles adquisitivos de la población. Para los pocos afortunados que tienen la gran suerte de recibir ingresos en dólares, el efecto puede pasar desapercibido. Pero para la mayoría que recibe ingresos en bolívares la situación es catastrófica.

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Vivo en una comunidad en la periferia de la ciudad, alejada de las zonas donde se concentran los comercios. Acá conviven personas de diferentes estratos sociales, desde clase media baja hasta quienes están en el umbral de la pobreza extrema. La mayoría de la gente realiza sus compras en tres bodegas, pequeños comercios donde se venden artículos de la dieta básica. Esos negocios son regentados por gente de la misma comunidad, la mayoría con largo tiempo en la zona, algunos a cargo de descendientes de la segunda y hasta la tercera generación. Hay una larga relación entre clientes y vendedores.

El negocio de las bodegas exige una alta rotación de inventarios, ninguna de las que menciono tiene grandes depósitos de mercancía, a lo sumo podrán almacenar para unos seis días de ventas. Además, la mayor parte de sus transacciones se hacen en puntos de venta y pago móvil, son escasos los que usan el dólar como medio de pago. Para esta gente es una realidad el riesgo de descapitalizarse en un contexto de acelerada devaluación.

Desde el jueves 25 los tres abastos decidieron cerrar sus puertas. El malestar de los clientes no se hizo esperar. Para los dueños es difícil encontrar razones que satisfagan la angustia de los compradores, quienes se ven privados de un servicio que es indispensable.

El señor Luis está sentado a las puertas de su pequeña bodega, en una extensión de la sala de su casa. Conversa con un grupo de clientes que le han pedido explicación, entre los que se encuentra la señora Matilde. Tanto Luis como Matilde se conocen desde hace décadas, sin embargo, en momentos de necesidad el entendimiento se niega a aceptar razones.

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Matilde me comenta con un tono de disgusto que no entiende la posición de Luis. Está muy molesta porque haya cerrado la bodega sin saber cuándo abrirá de nuevo. Dice que es una acción muy desconsiderada de su parte. Para personas como ella, ya mayores de edad, es muy difícil trasladarse hasta la avenida o hasta sitios más lejanos para comprar algún paquete de harina de maíz y unos pedazos de queso blanco con los que resolver alguna comida del día.

Pregunto a Matilde si ha escuchado las razones de Luis y me dice que sí, pero aunque él pueda tener razón diciendo que la devaluación lo pone en un aprieto, sigue pensando que se le ha endurecido el corazón y se ha vuelto desconsiderado.

Como Luis sabe que estoy de su parte espera que se retire Matilde y los otros vecinos para conversar conmigo. Me comenta que en realidad está muy angustiado, que no sabe muy bien qué hacer. Está consciente que gente como Matilde la pasa mal si no encuentra cómo comprar lo que necesita. Le preocupa que la gente siga diciendo que es un hombre desconsiderado y le entristece que no se puedan poner en su lugar.

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—La mayoría de mis ventas son en bolívares, dice Luis. Es verdad que mis proveedores se rigen por la tasa del Banco Central de Venezuela, me venden a ese precio. Sobre ese monto yo estimo el porcentaje para mis ganancias y poder reponer la mercancía ¿Con esta devaluación disparada a cuánto me van a vender la próxima vez? Si yo supiera cuál va a ser el precio de reposición no habría problema. Hablo con la gente, les digo que tengo que ajustar tanto y sé que me van a comprender. Todos saben que no soy ladrón. Pero dime tú. Si vendo toda la mercancía lo más probable es que no pueda volver a comprar, tendría que quemar mis ahorros. De este negocio vivimos mi familia y yo. Tú sabes que ni carro tenemos, esto apenas da para lo básico. Me da rabia que no entiendan por qué no puedo abrir la bodega. Como si yo hubiese inventado este problema de la devaluación…

La devaluación en el barrio predispone el ánimo, agrieta relaciones de vieja data como la de Luis y Matilde. La gente se siente asustada porque se cierne sobre nosotros uno de los fantasmas más feos que hemos conocido, el de la escasez, donde los bienes no se consiguen ni teniendo dinero. Todos esperamos que pase algo que enrumbe de nuevo nuestra maltrecha economía. Mientras tanto cada quien trata de ver cómo resuelve sus asuntos…

Cuando estoy a punto de despedirme Luis me dice que me espere. Entra a su casa y sale con una pequeña bolsa negra, dentro está un paquete de harina de maíz y un trozo de queso blanco. Me entrega un pedazo de papel manuscrito… Dale esto a Matilde, en el papel están los datos del pago móvil…Por favor dile que no le cuente a nadie…Tranquilo Luis…Tranquilo…

Gracias por tu tiempo.

Fuente tasas Banco Central

Fuente de imágenes I II

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After a few months of relative exchange rate stability, the Venezuelan economy is once again in uncertainty mode. In just one week, the Bolivar has plummeted in relation to the dollar. As of August 18, 2022, the rate of the Venezuelan Central Bank was 5,97 bolivars per dollar. At the time of the publication of this note, Friday, August 26, the official rate is 7,83 bolivars per dollar, while the parallel market rate, the true marker of the economy, is over 9 bolivars per dollar.

In view of this scenario, sad and painful memories are stirred in the memory of most Venezuelans. This is not the first time we have experienced devaluations of this type. A series of economic mistakes, repeated over and over again, have plunged the economy into a state of chronic inflation that has broken all world records.

The effects of devaluation are felt with greater or lesser intensity depending on the purchasing power of the population. For the lucky few who are fortunate enough to receive income in dollars, the effect may go unnoticed. But for the majority who receive income in bolivars the situation is catastrophic.

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I live in a community on the outskirts of the city, far from the areas where the businesses are concentrated. People from different social strata live here, from the lower middle class to those on the threshold of extreme poverty. Most people do their shopping in three abastos, small stores where basic food items are sold. These businesses are run by people from the same community, most of whom have been in the area for a long time, some of them run by second or even third generation descendants. There is a long relationship between customers and vendors.

The bodegas business requires a high inventory turnover, none of the ones I mention have large warehouses of merchandise, at most they can store for about six days of sales. In addition, most of their transactions are made at points of sale and mobile payment, few of them use the dollar as a means of payment. For these people, the risk of decapitalization in a context of accelerated devaluation is a reality.

Since Thursday, the three grocery stores decided to close their doors. Customers' dissatisfaction was not long in coming. It is difficult for the owners to find reasons to satisfy the anguish of the shoppers, who are deprived of an indispensable service.
Mr. Luis is sitting at the doors of his small bodega, in an extension of his living room. He is talking to a group of customers who have asked him for an explanation, including Mrs. Matilde. Both Luis and Matilde have known each other for decades, however, in times of need, understanding refuses to accept reasons.

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Matilde tells me with a tone of disgust that she does not understand Luis' position. She is very upset that he has closed the bodega without knowing when it will reopen. She says it is a very inconsiderate action on his part. It is very difficult for people like her, who are already of age, to go to the avenue or even further away to buy a packet of corn flour and a few pieces of white cheese to buy a meal for the day.

I ask Matilde if she has listened to Luis' reasons and she says yes, but although he may be right that the devaluation puts him in a bind, she still thinks he has hardened his heart and become inconsiderate.

Since Luis knows I am on his side, he waits for Matilde and the other neighbors to leave to talk to me. He tells me that he is really very distressed, that he doesn't know what to do. He is aware that people like Matilde have a hard time if they can't find a way to buy what they need. He worries that people keep saying he is a thoughtless man and is saddened that they can't put themselves in his place.

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-Most of my sales are in bolivars," says Luis. It is true that my suppliers are governed by the rate of the Central Bank of Venezuela, they sell to me at that price. With this skyrocketing devaluation, how much are they going to sell me next time? If I knew what the restocking price would be, there would be no problem. I talk to people, I tell them I have to adjust so much and I know they will understand me. They all know I'm not a thief. But you tell me. If I sell all the merchandise I will most likely not be able to buy again, I would have to burn my savings. My family and I live off this business. You know that we don't even have a car, this is barely enough for the basics. It makes me angry that they don't understand why I can't open the warehouse. As if I had invented this problem of the devaluation...

The devaluation in the neighborhood is a mood-setter, it cracks long-standing relationships like Luis and Matilde's. People feel scared because they are afraid of the devaluation. People feel frightened because one of the ugliest ghosts we have ever known is hovering over us, that of scarcity, where goods are not available even if you have money. We are all waiting for something to happen that will put our battered economy back on track. In the meantime, everyone is trying to figure out how to solve their own problems...

When I am about to say goodbye, Luis tells me to wait for him. He enters his house and comes out with a small black bag, inside is a package of corn flour and a piece of white cheese. He hands me a piece of handwritten paper... Give this to Matilde, on the paper are the mobile payment details...Please tell her not to tell anyone...Easy Luis...Easy....

Thank you for your time.

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Mm, apoyo la ación de los "bodegueros", nadie puede tener un negocio para perder, al menos debe darle para sostenerse, pero la incertidumbre es global en Venezuela y aquí en Argentina ya empieza a parecerse a los inicios del caos de mi querida Venezuela.

Paso mensualmente un aporte económico a mi hermana en Venezuela y se evapora, ahora, con un dólar a tasa que ya ronda los 10 bolívares, me imagino que rendirán menos...

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Sí, para los pequeños comerciantes el problema es muy serio. Acá hay mucha gente como tu hermana que se ayudan con lo que les llega del exterior, pero como dices la devaluación también afecta esos ingresos. Muchas gracias por pasar y comentar estimada @atreyuserver. Que estés bien. Un fuerte abrazo desde Maracay.

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Pues no es solo decisión del Se Luis sino de una gran mayoría de pequeños comerciantes. En Caracas está sucediendo lo mismo y aunque muchos entendemos, otros pagan su molestia con los vendedores. Percibo una especie de impotencia porque finalmente ni se sabe a quien hacer los reclamos. Volvemos al punto de inicio mi querido @irvinc. Saludos❤️

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Sospechaba que no sería aquí solamente. A los pequeños comerciantes les afecta mucho más. No deja de impresionar que vivamos las mismas cosas una y otra vez. Muchas gracias por pasar y comentar. Que estés bien mi querida @belkisa758. Un fuerte abrazo desde Maracay.

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Saludos amigo,por aquì donde vivimos el dìa 25, casi todos los negocios cerrados y abrieron despues del medio dia. Es una situaciòn difìcil para el consumidor; pero tambien para el señor bodeguero, realmente lo entiendo porque puede perder su capital. Es triste salir y ver como la gente comienza de nuevo con la angustia de los precios. Dios permita mejore esto pronto.

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Es muy duro el asunto de los cambios de precios. Hay gente que no entiende y la agarra con los bodegueros, pero ellos están afectados como todo el mundo. Gracias por la visita y el comentario estimada @lisbethseijas. Que estés bien. Bendiciones para la familia.

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Saludos amigo es una situación fuerte que la padecemos todos, incluso los peqeños comperciantes que temen descapitalizarse, esto es algo impresionante esta devaluación, hubo un tiempo de estabilidad pero ahora estamos en los mismo.

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Sí, retrocedimos otra vez. Es duro estar con esta incertidumbre. Esperemos que el asunto no se ponga como en años anteriores. Muchas gracias por pasar y comentar estimado @cetb2008. Que estés bien. Bendiciones para la familia.

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