Donde las palabras sobran (SPA-ENG)


Cuando las palabras sobran, solo hace falta un buen abrazo. La mayoría queremos ayudar a alguien que sufre a través de consuelos cuando, en realidad, solo necesita que le acompañemos a transitar momentos difíciles. Pero qué fácil es caer en la ilusión de dar consejos, de solventar los obstáculos de otros con base en la esperanza propia. Nada más alejado de lo que hace falta.
No es que la experticia acumulada no sea útil; es que las personas, la mayoría de las veces, lo que quieren es ser escuchadas y no una réplica que suene a sermón, por muy bienintencionada que parezca.
Bueno, hoy fue uno de esos días en los que, en lugar de confidente solidario, actué como experto en la vida. Sí, no niego que uno podría llegar a hacerlo. Pero me temo que sea en un ámbito muy particular: en el de uno. Y el mayor de los problemas es que solo nos sirve para intentar no repetirlos de nuevo. Aunque, por lo general, en circunstancias similares se tiende a repetir los mismos errores. Claro, la experiencia te da la sabiduría para enmendar la forma.
Asimismo, se podría pensar que uno halló la fórmula mágica para salir al paso ante todos los obstáculos y, por lo tanto, tiene cierta autoridad ganada con los años. ¡Tremenda falacia, no!
No dudo de que haya personas sabias que puedan ayudarnos en este sentido. Guías espirituales que sepan qué y cuándo callar. Tienen esa percepción y habilidad para detectar lo que necesitan quienes acuden a ellos. Quizás adquiridas en la práctica de escucha activa, en especial consigo mismo. Creo que ese es el camino primigenio que requiere transitar quien esté dispuesto a ayudar a los demás. ¡Quién no se puede ayudar a sí mismo, cómo podría ayudar a otros!
Por supuesto, estas personas especiales corren el riesgo de enfermarse en el proceso. Empatizar con el dolor de los demás trae consigo las consecuencias que los expertos llaman somatizar. Imaginen: cargar con las penas propias y las de los demás. No me extrañaría que sucumbieran más temprano que tarde. Sin embargo, habrá quienes realicen esas tareas sin inmutarse en el proceso. Sospecho que habrán hallado la forma de limpiarse de ese dolor. Intuyo que será algo así como lo hacen algunos médicos con vocación sincera de servicio. Hago la acotación porque también hay quienes ven a los pacientes como clientes: solo fuentes de ingresos monetarios. Quiero pensar que son los menos.
Un aspecto que tienen estas personas especiales es la actitud resiliente ante los tropiezos, cómo asumen las soluciones y un desapego que los potencia para evitar las trampas del ego. Tal vez sea una apreciación sesgada de mi parte, ¿no lo sé? Pero hasta donde he indagado, los sabios sanadores del alma humana son humildes. No ambicionan lo que el mundo alrededor ofrece, esos elementos que enferman a las personas, como, por ejemplo, el dinero.
Sí, el dinero, ese que uno cree que es propio cuando en realidad es de quien lo emite para secuestrar nuestra atención enmarcada en un tiempo que jamás recuperarás. ¿Cuántas personas enferman por el estrés de no tener suficiente dinero? Incluso quienes lo tienen en demasía sufren por el temor de perderlo y se sienten amenazados en todo momento. ¿Se han puesto a pensar en esto alguna vez en su valiosa vida? Si no... harías bien en considerarlo ahora.
Sé que habrá otros motivos para nuestros padecimientos, pero tengan la seguridad de que si buscamos la raíz principal, estos convergen en lo que los sabios ya tienen. Me preguntarán: ¿qué tienen los sabios que otros no? Apetencias artificiales. No me refiero a necesidades básicas. Todas las tenemos y buscamos satisfacerlas por instinto. Me refiero a las apetencias creadas por el sistema que con los milenios hemos creado. Uno que apuntala la desigualdad en cómo nos tratamos los unos con los otros. Donde pareciera que el amor está de más.
Curiosamente, el amor padece de lo mismo que la verdad: una imprecisión que nos destruye al final.
¡Que conste, no soy sabio! Mas tengo el resabio de escuchar sus enseñanzas recogidas a lo largo de los siglos. Y todos, bueno... los más emblemáticos, señalan en la misma dirección por muy alejados que estén entre ellos y sus contextos.
Aquí quiero terminar sin ser conclusivo, dejando la puerta abierta a vuestras reflexiones. Hoy debí callar, escuchar, empatizar sin juzgar y dar apoyo a quien lo necesitaba. Un abrazo, un beso a tiempo, sana más que miles de palabras que intentan brindar verdad donde no la hay.


Un breve ensayo original de @janaveda
Imágenes generadas localmente por Fooocus 2.5.5 con los siguientes prompts para IA con base en mi escrito:
Primera imagen
Cinematic close-up photography of two people embracing in a warm, dimly lit room. Focus on the texture of their clothes and the grip of hands on shoulders. No faces clearly visible, emphasizing the feeling of comfort and safety. Soft amber lighting, moody atmosphere, shallow depth of field, earthy tones, 8k resolution.
Segunda imagen
Minimalist fine art photography of a solitary person sitting peacefully in a vast, foggy meadow at dawn. Muted colors (sage green, slate gray, beige). High contrast between the small human figure and the expansive landscape. Ethereal atmosphere, serene, meditative, zen aesthetic.
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Where words are unnecessary
When words are no longer needed, all that is required is a good embrace. Most of us want to help someone who is suffering through words of comfort when, in reality, they only need us to walk beside them through difficult moments. Yet, how easy it is to fall into the illusion of giving advice—of trying to solve others' obstacles based on our own hopes. Nothing is further from what is actually needed.
It is not that accumulated expertise is useless; it is that most of the time, people simply want to be heard, not offered a response that sounds like a sermon, no matter how well-intentioned it may seem.
Well, today was one of those days when, instead of being a supportive confidant, I acted as an expert on life. Yes, I do not deny that one might fall into that role. But I fear it is in a very specific realm: the realm of the self. And the greatest problem is that such "expertise" only serves to try and avoid repeating our own mistakes—even though, more often than not, we tend to repeat the same errors in similar circumstances. Of course, experience grants us the wisdom to change the way we deliver it.
Likewise, one might think they have found the magic formula to overcome every obstacle and, therefore, possess a certain authority earned over the years. What a tremendous fallacy!
I do not doubt that there are wise people who can help us in this regard—spiritual guides who know when and how to remain silent. They possess the perception and skill to sense what those who come to them truly need. Perhaps these skills are acquired through the practice of active listening, especially toward oneself. I believe that is the primary path that anyone willing to help others must travel. Who can help others if they cannot first help themselves?
Naturally, these special individuals risk falling ill in the process. Empathizing with the pain of others brings consequences that experts call "somatizing." Imagine: carrying both your own burdens and those of others. It would not surprise me if they succumbed sooner rather than later. However, there will be those who perform these tasks without flinching. I suspect they have found a way to cleanse themselves of that pain. I suspect it is something akin to how some doctors with a sincere calling to serve operate. I make this note because some view patients as clients: merely sources of monetary income. I choose to believe they are the minority.
One aspect these special people possess is a resilient attitude toward setbacks, a way of embracing solutions, and a detachment that empowers them to avoid the traps of the ego. Perhaps it is a biased observation on my part—I do not know. But as far as I have explored, the wise healers of the human soul are humble. They do not crave what the world around them offers—those things that sicken people, such as money.
Yes, money—that which one believes belongs to oneself when, in reality, it belongs to the one who issues it to hijack our attention within a timeframe we will never reclaim. How many people suffer from the stress of not having enough money? Even those who have it in abundance suffer from the fear of losing it and feel threatened at every moment. Have they ever stopped to think about this in their precious lives? If not... You would do well to consider it now.
I know there are other reasons for our suffering, but rest assured that if we look for the root cause, these all converge on what the wise already possess. You might ask: What do the wise have that others do not? Artificial desires. I am not referring to basic needs. We all have them and seek to satisfy them by instinct. I am referring to the artificial cravings created by a system we have built over millennia—one that fuels inequality in how we treat one another. A world where it seems that love is "extra."
Curiously, love suffers from the same thing as truth: an imprecision that destroys us in the end.
Let it be known, I am no sage! But I have the habit of listening to their teachings gathered over centuries. And all of them—well, the most iconic ones—point in the same direction, no matter how far apart they are in time and context.
I wish to end here without being conclusive, leaving the door open for your own reflections. Today, I should have remained silent, listened, empathized without judging, and offered support to those who needed it. An embrace, a timely kiss, heals more than thousands of words trying to offer truth where there is none.


A brief essay by @janaveda in Spanish, translated into English using LM Studio (Gemma 4 12B)
Images generated locally by Fooocus 2.5.5 with the following AI prompts based on my writing:
First imagen
Cinematic close-up photography of two people embracing in a warm, dimly lit room. Focus on the texture of their clothes and the grip of hands on shoulders. No faces clearly visible, emphasizing the feeling of comfort and safety. Soft amber lighting, moody atmosphere, shallow depth of field, earthy tones, 8k resolution.
Second imagen
Minimalist fine art photography of a solitary person sitting peacefully in a vast, foggy meadow at dawn. Muted colors (sage green, slate gray, beige). High contrast between the small human figure and the expansive landscape. Ethereal atmosphere, serene, meditative, zen aesthetic.
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Sana, sana, colita de rana; si no sanas hoy, volveré mañana.
Un abrazo, Javier @janaveda.
Ja, ja, ja, mi amigo.
Un placer leerte.
Saludos, Félix.
Buenos días.
Volví solo para ver cómo te había ido. Al parecer, bien si contamos los votos o la recompensa.
Los comentarios se han vuelto escasos; imagino que, por la velocidad, es complicado detenerse a dejar una opinión o una respuesta. Yo mismo ayer no me quedé el tiempo suficiente para expresar lo que pensaba.
Me quedé con la idea de la posibilidad muy real de que aquellos que ayudan corren riesgo de enfermar. No es un contagio como tal, sino algo más complicado.
Cuando ayudamos o acompañamos a alguien cercano, absorbemos y padecemos su sufrimiento. Ya sabemos que los cuidadores de enfermos crónicos precisan apoyo emocional para no agotarse. Entiendo que psiquiatras y psicólogos terapeutas acuden a consulta de algún colega para deslastrarse de las emociones que pudieran afectarles como consecuencia del trato con sus distintos pacientes.
Y sin embargo, muchos voluntarios se sienten agradecidos y felices de ayudar y apoyar a los necesitados, como si los nutriera el trabajo altruista o generara una muy especial recompensa.
Nada que pueda afirmar, pero espero que se anime a continuar escribiendo; por mi parte, espero volver a leerle muy pronto.
Salud y bienestar, estimado @janaveda.
Es fantástico verte de vuelta. Supongo que me fue bien con base en las actuales circunstancias del ecosistema. Confío en que sea un bache normal de la dinámica del criptoverso, aunque los movimientos en el entorno, en especial los relacionados con la inteligencia artificial, se sienten como reales amenazas.
Por otro lado, coincido contigo en cuanto a los efectos del sufrimiento sobre los altruistas. Si no se cuidan en el proceso, corren el riesgo de sumarse al grupo de los que sufren las consecuencias de cargar en carne propia los padecimientos de otros. No es un asunto tan simple emanciparse de ello.
Sabes, mi amigo... Sí, he espaciado mis escritos aquí, no por falta de motivación, sino porque intento encontrar una salida a la encrucijada digital. Adelanto algunos proyectos sin perder el foco, pero como siempre, hay que andar el camino cuando la lotería no nos es propicia. No nos queda otra que seguir andando.
Asimismo, confío en que tus asuntos estén marchando como lo esperas y que goces de total armonía y salud con los tuyos por esos parajes sureños.
Saludos, y nos seguimos leyendo.
Afortunadamente, podemos agradecer que todo va bien para nosotros aquí y en Venezuela. La familia sale adelante con bien a pesar de todo. Solo los de Cumaná, que les está costando darse un buen baño.
Salud y éxito.
Esto es algo por lo que pasamos todos sin importar la edad, pero si ya tenemos nuestras décadas hay más experiencia por supuesto. Y no es que yo tenga muchas pero 44 años es casi media vida jaja.
Siempre encontramos a alguien que está en una situación similar a la que uno vivió y entonces damos nuestro consejo con amor y preocupación con la intención de ayudar y terminamos "metiendo la pata" como decimos en Argentina. La persona con la que empatizamos puede estar pasando una situación que lo tiene tan vulnerable que nuestro consejo puede sentirse de la manera equivocada.
En mi experiencia, y creo que la de muchos padres también, es dar consejos a los hijos de manera desmesurada.
Mi hijo, joven de 21 años, tiene TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) y eso complica bastante su vida desde niño y yo siempre estuve detrás con mis consejos ayudando, o eso creía yo jaja hasta que un día, que ya no era un niñito, me dijo: "yo no sigo consejos de nadie". (y yo👉💔😥)
Seguramente🤦♀ dije algo que lo hizo sentir peor, y ahí aprendí a callarme y...¿ que pasó ? Viene voluntariamente por consejos.
Como decía mi abuela: "al comedido siempre la va mal", así que creo que lo mejor es cerrar la boca, "abrir bien las orejas" para escuchar y dejar claro que uno está disponible en el caso de que quieran palabras de ayuda, así ya no "metemos la pata" jeje 😅.
El dinero... si, es el culpable del estrés de la mayoría de las personas. Le comenté sobre el TDAH de mi hijo y no poder pagar siempre un psiquiatra y psicólogo sabiendo que son necesarios y no encontrar en la parte pública profesionales idóneos y... si, suma puntos para estresarse más. Lamentablemente el dinero maneja los hilos del estrés y la tranquilidad de las personas.
Cambiando de tema, llegué a este perfil porque me mencionaron en topcomment y vi una publicación suya reblogueada, me pareció familiar su foto de perfil, luego leo esta reflexión y creo que se me despejaron las dudas de saber quien es usted, su manera de expresarse, tan linda, en la escritura la recuerdo de Taringa App, no me acuerdo su nombre pero si, que es de Venezuela. Sus escritos en publicaciones y comentarios brillaban como moneda reluciente en esa red social. Yo lo seguía y usted a mí pero usted desapareció antes de que cierre Taringa. Yo hacía contenido de horror. diseños y bueno jaja intentaba escribir para ganarme unos pesos ahí, no es un don para mí la escritura. Pero la manera de escribir de usted la recuerdo.
Hola, @eternavanidad
Sí, al ver tu perfil, aquí en Hive, te reconozco también. Disfruté en TaringaApp de tus relatos. Qué bueno tenerte por estos lares digitales. Confío en que tendrás mucho éxito; talento tienes de sobra.
Aunque estamos en una zona baja del ciclo en el criptoverso, esperemos que entremos pronto a la alza.
Gracias por pasar y darme una agradable sorpresa.
Saludos, no seguimos leyendo.
Muchas gracias!! Me alegra haberlo encontrado aquí, es un placer leerlo, por eso lo recuerdo !! 🙌
La alegría es mutua, DarkCult.