Cábala, suerte o buenas vibras. Argentina pasó a la final de la Copa Mundial / Kabbalah, luck, or good vibes. Argentina advanced to the World Cup final

Confieso que no soy fanática del fútbol, pero me gusta todo el ambiente que se teje alrededor de los mundiales de este deporte cada 4 años, y aunque muchas veces ni siquiera me siento a ver un partido completo, este año hubo algo diferente, que me llevó a prenderme en la fiebre mundialista.
Estando en Buenos Aires, decir que apoyas a otra oncena, es casi una sentencia de muerte, sin embargo, esta mañana al llegar a mi trabajo, y en tono de broma, luego de saludar a mi compañera le digo "aguante Inglaterra" solo para provocarla y efectivamente lo logré: su sonrisa se borró en un segundo y me echó de mi puesto de trabajo.
Desde temprano el ambiente se iba cargando, clientes entrando y saliendo, las cajas registradoras abriéndose a cada segundo, y tanto a mi como a mi compañera nos tocaba reponer el stock. Mientras tanto, cantábamos al son de las canciones que transmitía la radio, como una forma de drenar el stress que implica la atención al público ante un evento como este.
La supervisora nos pidió quedarnos un tiempo más, pero entre el cansancio y la merma de clientes, solo estuvimos 15 minutos extra, como si se tratara de un tiempo complementario en un partido empatado. Pasado este tiempo, las 3 empleadas partimos, con el aviso de no volver hasta que el partido no finalizara, aunque en mi caso, no me tocaba el turno de la tarde.
En casa, mi hijo mayor estaba pendiente de la hora de inicio para despertarme de mi siesta reglamentaria: ¡tenía que recargar energías para alentar a la selección! mientras calentaba agua para su mate y mi respectivo té vespertino, pues hoy no tomaría café.

El silencio solo se cortaba con las apariciones en la sala de mi hijo menor, a quien no le interesa el fútbol, y al ver que no hacíamos eco de sus gracias, se replegaba al cuarto a refugiarse en los mismos videos de youtube de JuegaGermán. De pronto, un gol de Inglaterra que nadie celebró obviamente, pero tampoco refutaron, el silencio siguió intacto y los nervios de punta.
Como estábamos viendo el partido por internet, llevábamos un delay de algunos segundos, pero fue épico el escuchar como se venía el gol del empate con un grito que empezó en la distancia para romper cual ola en la orilla cuando mis vecinos gritaron y celebraron a los 4 vientos. En esta ocasión, hasta el paseo de su mascota se tuvo que posponer un poco más.
Cambios en la alineación, pausa de hidratación y un poco más de té para los nervios, hasta que llegó la magia del segundo gol. En ese entonces lo que pensé fue en la cábala, pues los últimos partidos de la selección se terminaron resolviendo en los últimos minutos, como si ese empujón final viniera del cielo, el mismo a quien apuntan los jugadores cada vez que logran una anotación.

La tribuna cantaba a los gritos, mientras los hinchas ingleses veían todo con caras serias. En mi zona también estaban los vítores, mandando las buenas vibras desde el sur hasta la selección al norte del continente, mientras algunos, ayudados con la IA hacían memes reflejando a Mirtha Legrand (una figura legendaria de la televisión argentina) venciendo a los monarcas ingleses.
Ahora el silencio se rompió entre cornetazos de los autos que pasan por la avenida celebrando, las cornetas con las cumbias populares de todos los tiempos y una esperanza en un país que vive y suda el fútbol durante todo el año.

Y aunque los venezolanos que vivimos acá, tenemos el corazón un poco arrugadito por todo lo que está pasando nuestro país, esta cuota de alegría, bien que nos viene para equilibrar las emociones de estos últimos días.

I’ll admit I’m not a soccer fan, but I love the whole atmosphere that builds up around the World Cup every four years, and even though I often don’t even sit down to watch a full game, this year there was something different that got me caught up in the World Cup fever.
In Buenos Aires, saying you support another team is practically a death sentence. However, this morning when I arrived at work, I jokingly said to my coworker after greeting her, “Go England!” just to tease her—and it worked: her smile vanished in a second, and she kicked me out of my workstation.
From early on, the atmosphere was getting more and more hectic: customers coming and going, cash registers ringing off the chart, and both my coworker and I had to restock the shelves. Meanwhile, we sang along to the songs playing on the radio, as a way to relieve the stress of serving customers during an event like this.
The supervisor asked us to stay a little longer, but between our exhaustion and the dwindling number of customers, we only stayed 15 extra minutes—as if it were extra time in a tied game. After that, the three of us left, with instructions not to return until the game was over, although in my case, I wasn’t scheduled for the afternoon shift.
At home, my oldest son was keeping an eye on the kickoff time so he could wake me up from my customary nap: I had to recharge my energy to cheer on the national team! Meanwhile, he was heating water for his mate and my afternoon tea—since I wasn’t going to have coffee today.

The silence was broken only by my youngest son popping into the living room—he’s not interested in soccer—and when he saw that we weren’t laughing at his jokes, he retreated to his room to take refuge in the same JuegaGermán YouTube videos. Suddenly, England scored a goal that nobody celebrated, of course, but nobody argued about either; the silence remained intact, and our nerves were on edge.
Since we were watching the game online, there was a delay of a few seconds, but it was epic to hear the equalizer coming—a roar that started in the distance and crashed like a wave on the shore as my neighbors shouted and celebrated to the four winds. On this occasion, even their dog’s walk had to be postponed a little longer.
Lineup changes, a water break, and a little more tea to calm the nerves—until the magic of the second goal arrived. At that moment, I thought about the superstition, since the national team’s last few matches had all been decided in the final minutes, as if that final push came from heaven—the very place the players point to every time they score.

The stands were chanting at the top of their lungs, while the English fans watched it all with serious expressions. In my area, too, there were cheers, sending good vibes from the south to the national team in the north of the continent, while some, with the help of AI, created memes depicting Mirtha Legrand (a legendary figure in Argentine television) defeating the English monarchs.
Now the silence has been broken by the honking of cars driving down the avenue in celebration, car stereos blasting all-time favorite cumbias, and a sense of hope in a country that lives and breathes soccer all year round.

And although we Venezuelans living here have our hearts a little heavy because of everything happening in our country, this dose of joy comes at just the right time to balance out the emotions of the past few days.
Foto/Photo by: @mamaemigrante
Banner de portada: Cortesía de @palabras1
Edición/Edited by @mamaemigrante using canva
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Aunque tampoco soy un gran aficionado, no planeaba perderme este partido. Y celebro el triunfo de Argentina, que por momentos vi en peligro.
El retraso en la transmisión por internet me advirtió de los goles que venían, por las oleadas de gritos que llegaban de la calle y los vecinos.
Ahora el partido del sábado no me seduce en absoluto, pero el domingo planeo ver la final de principio a fin.
El juego final te pondrá a prueba entre tus orígenes y tu realidad actual.
Considerando el entorno, disfrutaré más el triunfo argentino. Pero si acaso no es así, me dolerá menos que a los vecinos y amigos.
Pareciera que si no es sufriendo no vale... Qué genial que te hayan dejado ir a tu casa para que pueda disfrutar del partido con tu familia y una pena porque fui a buscar maní cervecero y no encontré 🤣🤣🤣.
Pero bueno, el sábado mientras juegue Francia e Inglaterra iré a buscar los maníes, para disfrutarlo el domingo.
Sigamos con las cábalas 💪⚽.
¿Cábala, suerte o buenas vibraciones?..no , no, noooo
Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario comenzando por su capitán, es un campeón, el técnico, ni se diga, todo un terapeuta y el grupo completo, es una escuela de buenas energías y profesionalism. Así que van por la cuarta, porque son el mejor equipo del mundo...
🏆⚽️⚽️🏆
Argentina, my and my beloved team, best wishes