[ESP-ENG] EPÍLOGO


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Foto de Zachary Delorenzo en Unsplash


La rabia de los celos es tan fuerte que fuerza a hacer cualquier desatino.

The rage of jealousy is so strong that it forces one to do anything foolish.


— Miguel de Cervantes


E S P A Ñ O L

EPÍLOGO

El mundo ha cambiado, no es el mismo de hace diez años cuando las personas morían de repente por cualquier enfermedad. Ahora las vidas son más prolongadas, podemos llegar a los setenta años y tener la vitalidad de una persona de treinta. De verdad que este nuevo fármaco ha cambiado nuestras vidas.

Yo sabía algo más; algo que, si las personas en general lo sabían, se convertiría en un caos completamente. Las cosas que viví trabajando para el gobierno fueron importantes para cambiar mi vida. No volví a ser el mismo desde entonces, pero no para mal, sino para tratar de mejorar la vida de las personas.

Llego a mi trabajo finalmente; en la estación de policía de mi pueblo donde soy el superviso de otros tres colegas. Estaciono el coche y cruzo la puerta como un gallardo.

—Buenas noches, compañeros—. Dije saludándolos a todos.

—¡Vaya! El supervisor ha llegado. ¿Trajiste los refrescos?

—Claro, están en el coche. ¿Quieres hacer el favor de traerlos, Ortega?

—Como ordene, comandante.

La actitud y el tono de voz me parecieron algo pedantes.

—¿Qué le pasa a Ortega?, parece tener mal genio.

—Solo está celoso porque eres nuevo y fuiste ascendido—. Aseveró Soto, otra de mis subordinadas en la estación bajo mi mando.

—Sí, lo supuse, parece que el éxito de los demás le molesta. Por cierto, ¿Dónde está Reverol?

—Ah, ese tonto está en el baño lavándose los dientes. Parece tener una obsesión, no lo sé.

—¡Aquí están los refrescos! —Vociferó Ortega mientras atravesaba la puerta abruptamente.

—Ya era hora, muero por algo gaseoso—. Espetó Soto sonriendo.

Mientras se disponían a beber, Reverol salió del baño.

—¡Ah jefe! —Exclamó al verme— ¿Cuánto lleva aquí?

—Lo suficiente para saber que te la pasas en el baño, Reverol. Ven a tomar refresco.

Mientras todos bebíamos y conversábamos, una llamada en la radio interrumpió nuestra paz.

«Atención, solicitando apoyo a la estación policial 6 de La Colmena, para abordar una situación en la Av. principal Centinela. Se requiere su presencia con celeridad».

—¡Bien, a trabajar! —Espetó Ortega emocionado.

—Sí, que emoción. Soto y Ortega acompáñenme al lugar, Reverol, quédate y atiende la radio.

—¡A la orden, jefe!

Nos embarcamos con rapidez hacia el lugar. La dirección se me hizo familiar y al instante reconocí el domicilio donde ocurrían los hechos. A nuestra espera, otros cuerpos policiales se ubicaron frente al lugar. Nos acercamos a ellos y les hicimos preguntas.

—¿Qué tal? ¿Cuál es la situación? —Inquirí sin perder el tiempo.

—Parece que se trata de un hombre armado que tiene de rehén a su esposa, no hemos querido interceder para no poner en peligro la vida de la víctima—. Explicó el oficial al mando del caso.

—De acuerdo, Ortega y Soto, quédense aquí por si ocurre algo, yo voy a entrar.

—¿Entrará solo? —. Preguntó Soto pasmada.

—¿No acaba de oír que el tipo está armado? —Prosiguió Ortega con el mismo tono de estupor.

—Tranquilos, además es lo mejor. Si entramos en grupo, el sujeto se dará cuenta y probablemente hiera a la víctima, pero si voy solo, tendré más oportunidad para detenerlo.

—No nos parece un buen plan—. Recalcó Soto arrugando la cara.

—Ustedes tranquilos y hagan lo que les digo. Les haré una seña por alguna ventana, cualquier cosa, así que manténganse pendientes.

Me escabullí sigiloso hacia un lado de la casa, buscando entrar por la puerta trasera. Con un pequeño gancho hecho de alambres, forcé la cerradura y logré abrir la puerta. Me mantuve con la cabeza agachada y mi pistola en la mano mientras observaba a mi alrededor. Era de noche, las luces no estaban encendidas y había mucho silencio.

Caminé por el pasillo hacia la sala y, por culpa de la poca densidad de luz, no pude detectar ningún movimiento. El piso de abajo estaba despejado, así que me desplacé hacia arriba. Al igual que abajo, todo estaba sumamente tranquilo. Me posé frente a una habitación con la puerta abierta y que en su interior emanaba poca luz, me acerqué lentamente y me paré debajo del marco de la entrada. Allí estaba él, nervioso, su esposa se hallaba junto a él, parecía inconsciente de lo que ocurría y ya sabía por qué.

—Hola, Esteban—. Le dije en tono calmado. Él se levantó de manera precipitada y me observó con los ojos pasmados.

—¿Quién eres? ¿Cómo entraste? —Me preguntó con la garganta llena de jadeos.

—Has causado un verdadero desastre aquí. Hiciste que tu esposa ingiriera el fármaco Dicotilecina y usaste el control mental sobre ella para que hiciera cosas horribles.

Palideció. No esperaba que mis suposiciones fueran ciertas.

—¿Cómo sabes todo eso? ¿Y cómo sabes que este fármaco puede controlar mentes?

—Porque yo era uno de esos agentes del gobierno que te salvó la vida a ti y a tus padres en Brasazul hace diez años. He leído tu historial, y has usado el fármaco para tu beneficio propio. Veo que tuviste una buena vida, pero llegó el momento de detenerte.

—No… Tú…, ¡no puedes! ¡No puedes comprobarlo!, y si lo haces, se revelará la verdad de esta maldita píldora.

—Eso no sería conveniente ni para ti ni para mí. Porque no mejor te entregas, puedo ayudarte. Es mejor tener aliados del gobierno en la cárcel que en cualquier otro lado.

—¡No necesito que ni tu ni nadie me ayude! ¡Solo quiero que me dejen en paz! —Saca rápidamente la pistola en su bolsillo—. Mi esposa no irá a ningún lado. ¡A ningún…! —Tuve que agacharme y dispararle. El impacto hizo que su cuerpo saliera disparado por la ventana de la habitación. A esa altura quedó gravemente herido, pero no murió al instante.

—¡Llamen a una ambulancia! —Gritó uno de los oficiales. Mientras tanto, tomé a la víctima entre mis brazos y la llevé hacia afuera de la casa. Ortega y Soto se acercaron para ayudarme.

—¿Qué pasó? —Preguntó Ortega.

—Tuve que dispararle. Me apuntó con su arma y casi me dispara. Asegúrense que la víctima reciba atención médica.

Ambos asintieron con la cabeza y se retiraron. El mundo podía convertirse en un caos, pues hay verdades que deben ser ocultadas. Queremos todos los beneficios, pero no queremos saber los horrores que hay detrás de ellos.

FIN

E N G L I S H

EPILOGUE

The world has changed, it is not the same as it was ten years ago when people died suddenly from any disease. Now lives are longer, we can reach seventy years of age and have the vitality of a thirty year old. Truly this new drug has changed our lives.

I knew something else; something that, if people in general knew about it, it would turn into complete chaos. The things I experienced working for the government were important in changing my life. I was never the same since then, but not for the worse, but to try to improve people's lives.

I get to my job finally; at the police station in my town where I am the supervisor of three other colleagues. I park the car and walk through the door like a dashing man.

-Good evening, colleagues. -I said greeting them all.

-The supervisor has arrived. Did you bring the refreshments?

-Sure, they're in the car. Would you please bring them, Ortega?

-As you order, commander.

The attitude and tone of voice seemed a bit pedantic to me.

-What's wrong with Ortega, he seems to have a bad temper.

-He's just jealous because you're new and got promoted. Said Soto, another of my subordinates at the station under my command.

-Yes, I guessed so, it seems that the success of others bothers him. By the way, where is Reverol?

-Ah, that fool is in the bathroom brushing his teeth. He seems to have an obsession, I don't know.

-Here are the refreshments! -Ortega shouted as he abruptly walked through the door.

-It's about time, I'm dying for something fizzy. Soto smiled.

While they were about to drink, Reverol came out of the bathroom.

-Ah boss! -He exclaimed when he saw me, "How long have you been here?

-Long enough to know that you spend all your time in the bathroom, Reverol. Come and have some refreshments.

While we were all drinking and talking, a call on the radio interrupted our peace.

"Attention, requesting support to La Colmena police station 6, to address a situation on Centinela main avenue. Your presence is required with alacrity."

-Okay, let's get to work! -Ortega spat excitedly.

-Yes, what a thrill. Soto and Ortega accompany me to the place, Reverol, stay and answer the radio.

-Aye, aye, boss!

We quickly embarked to the place. The address became familiar to me and I instantly recognized the house where the events were taking place. While we were waiting, other police forces were located in front of the place. We approached them and asked questions.

-What's up? What's the situation? -I asked without wasting time.

-It seems that we are dealing with an armed man who is holding his wife hostage, we did not want to intercede so as not to endanger the victim's life. The officer in charge of the case explained.

-Okay, Ortega and Soto, stay here in case something happens, I'm going in.

-Will you go in alone? -. Soto asked, stunned.

-Didn't you just hear that the guy is armed? -Ortega continued with the same astonished tone.

-Calm down, besides, it's for the best. If we go in as a group, the guy will notice and probably hurt the victim, but if I go alone, I'll have a better chance to stop him.

-We don't think it's a good plan," said Soto, wrinkling his face.

-You guys take it easy and do as I say. I'll signal you through a window, anything, so keep your eyes open.

I crept stealthily to the side of the house, seeking entry through the back door. With a small hook made of wires, I picked the lock and managed to open the door. I kept my head down and my gun in my hand as I looked around. It was nighttime, the lights were not on and it was very quiet.

I walked down the hallway to the living room and, because of the low light density, I couldn't detect any movement. The floor below was clear, so I moved upstairs. As downstairs, all was extremely quiet. I landed in front of a room with an open door that emanated little light inside, approached slowly and stood under the doorframe. There he was, nervous, his wife was standing next to him, he seemed unaware of what was going on and I knew why.

-Hello, Esteban. I said in a calm tone. He stood up hastily and looked at me with astonished eyes.

-Who are you? How did you get in? -He asked me with a throat full of gasps.

-You've caused a real mess here. You made your wife ingest the drug Dicotilecin and used mind control on her to make her do horrible things.

She blanched. I didn't expect my assumptions to be true.

-How do you know all that? And how do you know this drug can control minds?

-Because I was one of those government agents who saved you and your parents' lives in Brasazul ten years ago. I have read your record, and you have used the drug for your own benefit. I see you had a good life, but the time has come to stop you.

-No... You... You can't! You can't check, and if you do, the truth of this damned pill will be revealed.

-That wouldn't be convenient for you or for me. Why don't you better turn yourself in, I can help you. It's better to have government allies in jail than anywhere else.

-I don't need you or anyone else to help me! I just want to be left alone! -He quickly pulls out the gun in his pocket. My wife isn't going anywhere. Anywhere...! -I had to duck and shoot him. The impact sent his body flying out the bedroom window. He was badly wounded at that point, but he didn't die instantly.

-Call an ambulance! -shouted one of the officers. Meanwhile, I took the victim in my arms and carried him out of the house. Ortega and Soto approached to help me.

-What happened? -Ortega asked.

-I had to shoot him. He pointed his gun at me and almost shot me. Make sure the victim gets medical attention.

They both nodded and left. The world could become chaos, for there are truths that must be hidden. We want all the benefits, but we don't want to know the horrors behind them.

THE END

Escrito por @universoperdido. 13 de Agosto del 2022

Written by @universoperdido. August 13, 2022

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3 comments
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"Queremos todos los beneficios, pero no queremos saber los horrores que hay detrás de ellos"

que situacion se presenta cotidianamente en las comunidades que por un pedazo de pan se enfrentan hermanos contra hermanos.

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(Edited)

Es una situación tan lamentable que ha llevado al mundo a la quiebra.

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