[ESP-ENG] NINFANTASÍA


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«La tierra no produce para los ignorantes sino malezas y abrojos».

«The earth produces for the ignorant nothing but weeds and thistles».


— Gaspar Melchor de Jovellanos


E S P A Ñ O L

NINFANTASÍA

—Ya vámonos, papá, se nos hará tarde. —No reaccionó, de nuevo se quedó inerte ante mis palabras. Hace meses que mi padre fue diagnosticado con demencia, un mal que no quería aceptar, pero me tocó de todas formas.

Le gustaba quedarse frente a la ventana de su habitación de asilo, los enfermeros no lo molestaban, pues había algo en su serenidad senil que apaciguaba al abrupto personal. Me quedaba observándolo por horas, era indescriptible para mí la sensación de dejarlo en paz por prolongados periodos de tiempo.

Reflexionaba. Recordaba a mi madre a cada rato, quizás él también lo hacía. Cuando mi padre comenzaba a perder la cordura, decía que mi madre era una ninfa que se perdía en el bosque a dormir al pie de un árbol.

Según él, otras mujeres se le unían y danzaban alrededor de un árbol antiguo, adornado con cerezos blancos que brotaban de su tronco y exaltaban su belleza. También me dijo que bajo el sol más reluciente se transformaban en árboles; hermosos y de cortezas finas, para descansar y dar cobijo a los animales silvestres.

No sé porque la demencia provocaría que mi padre inventara tantas historias de mi madre, pero de lo que si estoy seguro, es que todo se salió de control. La noche en que decidí internarlo en un asilo, fue cuando el huyó despavorido al creer que mi madre y las demás mujeres realizarían su ritual esa misma noche.

Mi hijo; Miguel, un adolescente de dieciséis años, fue corriendo primero tras él y yo lo seguí después. Lo encontramos en posición fetal a los pies de un árbol, era de cerezos y hojas blancas impolutas. Él lloraba devastado sin yo comprender el motivo, Miguel y yo lo levantamos y lo llevamos devuelta a casa.

El viejo no quiso decir nada, solo jadeos y expresiones inconclusas salían de su boca y facciones. Lo tomé y fue cuando decidí llevarlo a un asilo, y antes de que el pensamiento se desvaneciera de mi mente, él dijo una palabra, mejor dicho, un nombre, que me dejó anonadado por varios segundos: «Aida», ese era el nombre de mi madre, no solo me sorprendí porque lo mencionara después de tanto tiempo, sino también de la manera en como lo hizo. Fue como un susurro fantasmal y reverberante, producido; quizás, por una entidad intangible. Solo Dios sabe lo que mi imaginación quiso asimilar en ese momento, pues era como un trozo de fantasía a la que sin querer me sumí.

Traté de olvidar tales ideas y continuar con mis planes. Ya todo estaba listo, mi padre se quedó en el asilo y me aseguré de visitarlo cada día. Casualmente, le dieron una habitación con una ventana que dirigía su vista al bosque, donde empleaba horas enteras fijando su mirada hacia las diferentes tonalidades de las hojas.

Una vez al mes, comenzaba a tener sueños hermosos, con senderos mágicos agraciados por la luminiscencia de un sol esplendoroso. Pequeñas criaturas de las bocas de las arboledas, brotaban de las hojas centellantes y bailaban a mi alrededor. Al final de cada camino llegaba a un gran árbol de hojas blancas, rodeado por mujeres danzantes que se convertían en troncos de madera a voluntad. Una de ellas tenía el rostro cubierto por una intensa luz, que me producía una gran curiosidad como si ya la conociera desde hace tiempo.

Sentí que era mi madre y, durante la danza, la perseguía como un niño, pero cada vez que estaba a punto de alcanzarla, todo se desvanecía y abruptamente despertaba. Cada sueño similar me hacía conectarme más a mi padre. Él se quedaba fijo mirando hacia el bosque, esperando cada día el hermoso ritual de las ninfas. Yo lo acompañaba en solicitud a sus pensamientos, esperando a poder descifrar el rostro de la misteriosa mujer una vez más.

FIN

E N G L I S H

NINFANTASY

—Let's go, Dad, we'll be late. —he didn't react, again he remained inert before my words. Months ago my father was diagnosed with dementia, a disease he did not want to accept, but he touched me anyway.

He liked to stay in front of the window of his nursing home room, the nurses did not bother him, for there was something in his senile serenity that appeased the abrupt staff. I would stare at him for hours, the feeling of leaving him alone for long periods of time was indescribable to me.

I reflected. I remembered my mother all the time, maybe he did too. When my father began to lose his sanity, he used to say that my mother was a nymph who lost herself in the forest to sleep at the foot of a tree.

According to him, other women would join her and dance around an ancient tree, adorned with white cherry trees that sprouted from its trunk and exalted its beauty. He also told me that under the brightest sun they transformed into trees; beautiful and with thin bark, to rest and give shelter to wild animals.

I don't know why dementia would cause my father to make up so many stories about my mother, but what I am sure of is that everything got out of control. The night I decided to commit him to an asylum, he fled in terror, believing that my mother and the other women would perform their ritual that same night.

My son; Miguel, a sixteen year old teenager, ran after him first and I followed. We found him in a fetal position at the foot of a tree, it was a cherry tree with pristine white leaves. He was crying devastated without me understanding why, Miguel and I picked him up and took him back home.

The old man did not want to say anything, only gasps and inconclusive expressions came out of his mouth and features. I took him and that was when I decided to take him to a nursing home, and before the thought faded from my mind, he said a word, better said, a name, that left me stunned for several seconds: "Aida", that was my mother's name, I was not only surprised because he mentioned it after so long, but also because of the way he did it. It was like a ghostly and reverberating whisper, produced; perhaps, by an intangible entity. God only knows what my imagination wanted to assimilate at that moment, for it was like a piece of fantasy that I unwittingly plunged into.

I tried to forget such ideas and continue with my plans. Everything was ready, my father stayed in the nursing home and I made sure to visit him every day. Coincidentally, he was given a room with a window that directed his view to the forest, where he would spend hours staring at the different shades of the leaves.

Once a month, he began to have beautiful dreams, with magical paths graced by the luminescence of a splendorous sun. Little creatures from the mouths of the groves would sprout from the sparkling leaves and dance around me. At the end of each path I came to a large white-leafed tree, surrounded by dancing women who turned into wooden trunks at will. One of them had her face covered by an intense light, which made me very curious as if I had known her for a long time.

I felt that she was my mother and, during the dance, I chased her like a child, but every time I was about to reach her, everything faded away and I abruptly woke up. Each similar dream made me connect more to my father. He would stare into the forest, waiting every day for the beautiful ritual of the nymphs. I would accompany him in requesting his thoughts, waiting to be able to decipher the face of the mysterious woman once again.

THE END

Written by @universoperdido. October 26, 2021

Escrito por @universoperdido. Octubre 26 del 2021

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3 comments
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Espléndido relato, da pensar si será real o parte de la enfermedad mental del hombre. Hay pistas que dan a entender que no es demencia, pero queda la duda. Magistral

Saludos.

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