ESP/ENG Memorias de una interna (relato autobiográfico) Parte I

Cae la tarde y una parte de mi decide no quedarse en el olvido, somos lo que hemos experiementado en la vida, nuestros sueños se han forjado en base a esas experiencias y a las personas con las que nos hemos topado, como todos, he pasado tantas cosas en tan poco tiempo, si, porque siento que aún me falta mucho por vivir, y hoy una parte de mí quiere ser inmortalizada en las letras, momentos, personas y vivencias que me llavaron a ser parte de lo que soy.

Mujer de 43 años, madre, profesional, docente por más de 20 años, música y poeta, nada de esto hubiese sido sino fuese primero la niña, adolescente y joven de quién vengo a contarles en estos relatos, también haciéndolo un poco como ejercicio de memoria, para sacar esos recuerdos que no quiero que se pierdan en el olvido.

Así que aquí vamos...

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Memorias de una interna

Caracas no fue lo que esperaba, obviamente mirar todos los días a través del balcón de mi tía no era lo más placentero que podía vivir, me sentía como una avecilla encerrada, luego de pasar parte de mi niñez nadando desnuda en los rios de La Gran Sabana, corriendo entre los árboles y mirando el cielo estrellado de mi bello pueblito, daba 8 pasos y ya estaba en la cocina, 9 pasos más y había llegado al cuarto, sólo podía salir para tomar un metro bus hasta Altamira y luego varias estaciones del metro para llegar al colegio "La Concordia" en Colinas de Bello Monte. Todos mis tíos y mi mamá habián estudiado allí, y mi mamá soñaba que su hija también lo hiciera, un lapso escolar, una niña deprimida y la peor noticia hicieron que todo cambiara.

Eran las 4 de la tarde, yo tenía 11 años y mi mamá llegaba de una consulta médica, todo en ella había cambiado, me preguntó si quería irme a Barquisimeto con mis hermanos mayores, que la vida era para vivirla felíz y que si yo no me sentía bien allí podía ir a otro lugar, pero su actitud se debía a algo más profundo, eso pasa cuando la muerte se nos presenta justo en la cara y sin ser invitada.

Pasaron unos cuántos meses, un paréntesis de vivencias donde mi capacidad de adaptación tuvo que salir y ser la mejor, pero la vida nos estaba diciendo que ciertos procesos se hacían más rápidos y mi mamá se desgastaba cada día más, yo quería estar cerca, en el pueblo donde vivíamos no había liceos, lo más cercano se encontraba en una aldea indígena llamada Maurak, ubicada en el Municipio Gran Sabana en el Estado Bolívar, a media hora de Santa Elena de Uairén, a 45 minutos de la frontera con Brasil, Un colegio tipo internado llamado Colegio Gran Sabana, llevado por misioneros Adventistas del séptimo día, allí muchos días, muchas historias, muchos sueños y las peores y mejores experiencias de mi vida de adolescente.

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LA LLEGADA

El carro iba dejando atrás una estela gigante de polvo rojo, realmente casí toda la cara y brazos estaban llenos de este polvo, la carretera de granzón era larga y llena de huecos que hacian que sintieramos nuestros riñones, poco a poco iba tratando de detallar todo el paisaje, a los lados del camino se veían grandes extensiones de sabana con matorrales altos, cerros y uno que otro morichal, debimos pasar algunos puentes que en ese momento eran de madera, en cierto punto a la derecha un gran rio de color rojo nos daba la bienvenida, más adelante se empezaban a divisar pequeñas casas rurales intercaladas con algunas que tenian techo de palma, estabamos llegando a la aldea de Maurak.

Pequeñas calles que cruzaban a derecha e izquierda, rostros que salían de las ventanas para ver ese carro que seguro traía a alguien nuevo, veía a quienes después serían parte de mi vida, seres humanos, les dicen indígenas, pero vestían igual que todos, sonreían igual que todos, sentían igual que todos.

Salimos de la parte trasera de la aldea, al final se veían unas grandes montañas, realmente ya no podía haber nada más, sólo una larga carretera que nos llevaba a mi destino final, mi corazón se aceleraba en cada segundo, 12 años, una madre enferma, las ganas de estudiar, una hermana mayor con el corazón triste pero dándome el valor de seguir adelante, su actitud era como si fuesemos a un parque, me dejaba un rato y luego me fuese a buscar, pero ambas sabíamos que no era así, sin embargo ninguna dijo nada, nuestras miradas solo expresaron fuerza y amor.

Llegamos, se veían edificaciones a derecha y a la izquierda, una edificación central que decía DIRECCIÓN, seguro allí me recibirían, el carro se estacionó, bajamos, de la maletera sacamos una vieja maleta de cuero marrón, un bolso pequeño y nada más, allí llevaba justo lo que me habian pedido en la lista para los internos, ropa, sabanas, una linterna, cosas de aseo personal, y no llevé una almohada pero luego tuve varias.

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Mi hermana me dió un abrazo, me dijo que se tenía que ir pues debía hacer diligencias importantes se montó en el carro y se fue, pregunta en la dirección me gritó desde el carro, y allí quedé yo con mi maleta al lado, asustada, triste, me sentí un poco abandonada, sin saber que hacer cargué mi maleta y decidí avanzar hacia la dirección cuando una mujer pequeña de estatura con una gran sonrisa me gritó desde un pasillo largo que llevaba hacia algunas edificaciones, me saludó y se presentó, era la Profesora Rita, me preguntó mi nombre y me buscó en una lista, si, allí estaba era una de las nuevas internas, me dió la bienvenida y me calmó pues vió como temblaba de miedo y de tristeza, me llevó por el pasillo a lo que luego conocería como el HOGAR DE SEÑORITAS, allí entramos a cuartos grandes, tipo galpones, tenían literas hechas con troncos de madera y colchonetas finas, en cada cubículo habían 6 literas, eso quería decir que allí dormiría con 11 niñas más.

Me indicaron la cama que me tocó, que para ese entonces fue la parte de abajo de una de las literas, me indicaron que podía guardar mis cosas abajo de la cama y que me preparara con el plato, vaso y cubiertos que me habían pedido porque ya iban a tocar la campana para la cena, eran las 5 y 45 de la tarde, me senté sobre la fina colchoneta, saqué las sabanas y la cobija que me habian metido en la maleta, tendí mi cama y me senté de nuevo, lloré, lloré mucho, pero era la única manera de estar lo más cerca posible de mi mamá a quién le quedaba poco tiempo de vida, así que respiré y me quedé absorta observando todo el lugar hasta que la campana me sacó de ese estado, esa campana que definiría muchas actividades de mi vida a partir de ese momento.

...continuará.

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Todas las fotografías son propiedad de la autora

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ENGLISH

The afternoon falls and a part of me decides not to remain in oblivion, we are what we have experienced in life, our dreams have been forged based on those experiences and the people we have encountered, like everyone I have gone through so many things in such a short time, yes, because I feel that I still have a lot to live, and today a part of me wants to be immortalized in the letters, moments, people and experiences that led me to be part of what I am.

A 43 year old woman, mother, professional, teacher for more than 20 years, musician and poet, none of this would have been if I had not been first the girl, teenager and young woman of whom I come to tell you in these stories, also doing it a little as an exercise of memory, to bring out those memories that I do not want to be lost in oblivion.

So here we go...

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Memories of an intern

Caracas was not what I expected, obviously looking every day through my aunt's balcony was not the most pleasant thing I could live, I felt like a little bird locked up, after spending part of my childhood swimming naked in the rivers of La Gran Sabana, running among the trees and looking at the starry sky of my beautiful little town, I took 8 steps and I was already in the kitchen, 9 more steps and I had reached the bedroom, I could only leave to take a metro bus to Altamira and then several subway stations to get to the school "La Concordia" in Colinas de Bello Monte. All my uncles and my mother had studied there, and my mother dreamed that her daughter would also do it, a school lapse, a depressed girl and the worst news made everything change.

It was 4 o'clock in the afternoon, I was 11 years old and my mom was coming back from a medical appointment, everything in her had changed, she asked me if I wanted to go to Barquisimeto with my older brothers, that life was to live it happily and that if I did not feel well there I could go somewhere else, but her attitude was due to something deeper, that happens when death presents itself right in our face and uninvited.

A few months passed, a parenthesis of experiences where my ability to adapt had to come out and be the best, but life was telling us that certain processes were becoming faster and my mom was wearing more and more every day, I wanted to be close, in the town where we lived there were no high schools, the closest was in an indigenous village called Maurak, located in the Gran Sabana Municipality in the State of Bolivar, half an hour from Santa Elena de Uairen, 45 minutes from the border with Brazil, a boarding school called Colegio Gran Sabana, run by Seventh Day Adventist missionaries, there many days, many stories, many dreams and the worst and best experiences of my life as a teenager.

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THE ARRIVAL

The car was leaving behind a giant trail of red dust, really almost all the face and arms were full of this dust, the gravel road was long and full of holes that made us feel our kidneys, little by little I was trying to detail all the landscape, on the sides of the road there were large expanses of savannah with tall bushes, At a certain point to the right a large reddish river welcomed us, further ahead we could see small rural houses interspersed with some that had palm roofs, we were arriving to the village of Maurak.

Small streets that crossed left and right, faces that came out of the windows to see that car that surely brought someone new, I saw those who later would be part of my life, human beings, they call them indigenous, but they dressed like everyone, smiled like everyone, felt the same as everyone.

We left the back of the village, at the end we could see big mountains, there really could not be anything else, just a long road that took us to my final destination, my heart was racing every second, 12 years old, a sick mother, the desire to study, an older sister with a sad heart but giving me the courage to move forward, her attitude was as if we were going to a park, she would leave me for a while and then she would pick me up, but we both knew it was not so, however neither said anything, our gazes only expressed strength and love.

We arrived, we could see buildings to the right and left, a central building that said ADDRESS, surely they would receive me there, the car parked, we got out, from the trunk we took out an old brown leather suitcase, a small bag and nothing else, there I took just what they had asked me in the list for the interns, clothes, sheets, a flashlight, personal hygiene things, and I did not take a pillow but then I had several.

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My sister gave me a hug, told me that she had to go because she had important errands to do, got in the car and left, she asked me in the direction she shouted from the car, and there I was with my suitcase next to me, scared, sad, I felt a little abandoned, without knowing what to do I carried my suitcase and decided to move towards the direction when a small woman with a big smile shouted at me from a long corridor that led to some buildings, she greeted me and introduced herself, She asked me my name and looked for me on a list, yes, there I was, I was one of the new interns, she welcomed me and calmed me down because she saw how I was trembling with fear and sadness, she took me down the hallway to what I would later know as the LADIES' HOME, there we entered large rooms, like sheds, they had bunk beds made with wooden logs and thin mattresses, in each cubicle there were 6 bunk beds, that meant that I would sleep there with 11 other girls.

They told me that I could keep my things under the bed and that I should prepare myself with the plate, glass and cutlery that they had asked me for because they were about to ring the bell for dinner. It was 5:45 in the afternoon, I sat down on the thin mattress, took out the sheets and the blanket that they had put in my suitcase, I cried, I cried a lot, but it was the only way to be as close as possible to my mother who had little time left to live, so I breathed and I remained absorbed observing the whole place until the bell took me out of that state, that bell that would define many activities of my life from that moment on.

...to be continued.

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All photographs are property of the author

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La crónica de tu infancia y juventud, de la que nos das una primera entrega, @zullyscott, es de un fuerte contenido emocional, vital, que nos presentas con logrado estilo narrativo. Procuraré seguir la continuación. Gracias y saludos.

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Muchisímas gracias, todo un honor viniendo de ti. Poco a poco iré subiendo estos pedazos de mi vida.

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Oh! Dios! Quede con mi corazón arrugadito...Abrazos

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Muy bien redactada parte de la historia de tu infancia. Te invita a seguir leyendo y yo quedé con ganas de saber qué más sucedía y cómo fue tu experiencia en el internado. ¡Saludos!

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Gracias por leerme, ya vienen más anécdotas e historias. Un honor tenerte por aquí.

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