Manuscritos perdidos de Jonas Vergel - Día 5

in Cervantes2 months ago

Ilustración


«Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.»

—Aristóteles


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Día 5

Nuevamente me encuentro aquí, pegado a este artefacto radial, esperando a que emita o reciba alguna señal de ASTRA, un corpúsculo de esperanza de poder salir de este planeta baldío finalmente. Como quisiera haber abrazado a mi familia fuertemente aunque sea por última vez, de haber sabido que viviría estas circunstancias, las hubiera rodeado fuerte y poderosamente con mis brazos.

No puedo morir aquí, aún tengo una misión que cumplir, el sueño de mi padre que cada vez lo veo más deteriorado. Es una imagen que solo produce ansiedad, un espejismo que se vuelve borroso como si su estadía en la realidad estuviese a poco de terminar. No puedo estar más errado y más confuso, sé que saldré pronto de aquí. De repente comienzo a sentirme triste como si todo el peso del mundo estuviera bajo mis hombros.

Tal vez estoy bajo de humor por culpa de esa sustancia que estoy consumiendo, me quita el hambre pero su sabor es repugnante, solo quisiera poder saborear comida real en mi boca y disfrutarla como se debe, ¡Dios! ¿Cuánto tiempo más deberé permanecer aquí? ¿Seré capaz de resistir más días en este ambiente hostil y petulante? No lo creo, ya estoy empezando a entrar a las fauces de la locura.

Tengo una dicotomía entre la esperanza y el desaliento, soy como un pozo de abatimiento que se va llenando paulatinamente hasta desbordarse. Voy perdiendo el camino, sabía que no resistiría mucho solo en este planeta desconocido lleno de monstruos con apariencia de insectos artrópodos. Si algún día esta carta llega a caer en manos humanas, quiero que sean leídas por ti Érica, y por ti mi pequeña Amanda, son a ustedes a las que pienso más cada día que estoy aquí.

Estoy llorando, así es, mis lágrimas se desbordan porque la esperanza está perdiendo, se convierte en un hálito o una sombra de lo que fue. Es la virtud que cayó en batalla, a medida que pensaba escribir nuevas partes de esta carta. Cerré los ojos por un momento y me desvanecí, caí en un letargo que me mantuvo tranquilo por un momento. Aunque solo veía oscuridad, porque mis pensamientos aún estaban activos en mi mente. La nostalgia no me dejaba descansar, ni por un instante.

De repente, comencé a sentir una paz colosal, fenomenal y maravillosa, no puedo describir con exactas palabras lo que sentía al estar frente a esa presencia tan descomunal. Mi cuerpo súbitamente alcanzó la armonía que requería, como si hubiese sido inducida a propósito. Me encontraba en un ambiente cósmico, rodeado de nubes cambiantes de diversos colores. Los vapores eran tan intensos que no podía ni ver mis piernas.

Hacia el fondo de tan célico entorno, podía ver una pantalla de color turquesa donde emanaba todo lo hermoso de ese lugar. No había ningún cuerpo celeste flotando a mí alrededor, ni estrellas que tiritaran para hacerme compañía. Mientras observaba maravillado el lugar, tres figuras notoriamente no humanas comenzaron a emerger de la pantalla turquesa hacia mí. Eran muy altos quizás de tres metros, sumamente esbeltos, con ojos enormes y brillantes como gemas, rostros ovalados, antenas en sus cabezas, pieles anaranjadas, extremidades articuladas, en fin, su apariencia era como un hibrido entre humano e insecto.

Se acercaron a mí muy lentamente, y al estar a una distancia considerable, pude percibir un aroma que no se podía comparar ni con las fragancias más delicadas y suculentas. Noté inmediatamente que su anaranjada piel brillaba casualmente, mientras emitían unas vibraciones que podía sentir en todas las capilaridades sensitivas de mi cuerpo. Pensé que era la energía que irradiaban pero me equivoqué, era su modo de lenguaje.

Al ser seres que no poseían una cavidad bucal, se comunicaban a través de movimientos aleatorios a la velocidad del sonido. Tenían la capacidad de cambiar las frecuencias de dichos movimientos, convirtiéndolos en un códice que solamente podía ser diferenciado con los órganos sensoriales. Sin embargo, esa capacidad, no era la única que poseían.

Casualmente también ostentaban la habilidad de comunicar su idioma a través de palabras, gracias a esto lograron entablar una conversación conmigo. Utilizaban las mismas vibraciones que emitían para estructurar las palabras que querían transmitirme, y las cedían en forma de susurros que trepidaban fuertemente en mis oídos. Tuve que concentrarme para diferenciar los sutiles pero intensos sonidos y así poder entender lo que querían decirme.

Las palabras que profirieron calmaron un tormento que abrumaba a mi corazón, hablando sobre mi familia, lo mucho que me extrañaban y que ellos mismos se habían comunicado con Érica. No podía describir lo que sentía, en todo momento mientras ellos me hablaban no transmití palabra alguna, simplemente los escuchaba. Me sentí feliz y a la vez preocupado, por haber recibido noticias de mi esposa y mi hija. Me lastimaba el saber que ambas sufrían por mi ausencia, fue allí cuando la ansiedad me atacó más pero ellos supieron calmarme.

Me dijeron que tenía que ir con ellos, a cumplir un objetivo, al parecer, yo estaba predestinado a caer en ese extraño planeta. Me dijeron que cuando completara el favor que ellos me pedían, podía volver con mi familia, puesto que tenían el poder para devolverme a la Tierra. Por supuesto, no lo pensé dos veces y acepté, no era más grande mi anhelo de volver a casa que cualquier otra cosa. Ya tenía cinco días cumplidos en ese lugar, era obvio que no iba aguantar otras veinticuatro horas más.

Uno de ellos me ofreció su mano y yo sin pensarlo la tomé. Caminé con ellos hacia la gran pantalla turquesa donde emanaba toda la belleza. La atravesamos como si fuese una especie de portal espejismo y mis ojos, al entrar, solo vislumbraron un blanco cegador. Lo siguiente que voy a contar ya será para otro día, puesto que ahora escribo estando aquí, en el lugar donde ellos residen.


Escrito por @universoperdido. Sábado 1 de agosto del 2020

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Otros relatos de la serie de Jonas Vergel

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Manuscritos perdidos de Jonas Vergel - Día 4

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Muchas gracias, feliz día.

Execelente