[Eng./Esp.] The Challenge of Embracing My Own Quirkiness. || El Desafío de Habitar mi Propia Rareza.

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The Challenge of Embracing My Own Quirkiness

Today is Friday, and the phrase hanging in the air hits me like a mirror held up to my face: “I’m not normal”. I’m not normal. To many, this confession sounds like defeat or self-pity; for me, it has been the diagnosis of my freedom for as long as I can remember.

I grew up with the constant suspicion that I’d landed on the wrong planet. Whilst the rest of the world seemed to follow a rehearsed choreography — praying to a specific God, voting for the ‘least bad’ option, fitting into a professional mould, keeping quiet in the face of injustice out of ‘good manners’ —I stood on the sidelines, watching the puppeteer’s strings—. Always swimming against the tide… always feeling the chill of someone who doesn’t wrap themselves in the blankets of the masses.

What we call ‘normality’ is not a natural state of human consciousness; it is, in reality, a pen designed by the architecture of power. Michel Foucault explained it precisely, and I love that phrase: society functions as a panopticon where politics and religion not only dictate laws, but manufacture ‘normalities’ so that we ourselves keep watch over one another. If you stray from the path, if you question dogma or challenge the official narrative, the system activates its defence mechanism: it labels you as antisocial, as a ‘weirdo’, as someone who ‘doesn’t fit in’.




I cannot help but think of the dystopia in Divergent. In that story, the cardinal sin is not evil, but the inability to be categorised. The ‘Divergents’ are dangerous because they do not belong to a single faction; they are too complex to be controlled. The system needs you to be just one thing so that it can predict you —and control you—. If you are many things, or if you are simply yourself outside its labels —its stereotypes— you become an error in the matrix. You become a target.

This ‘passive slavery’ I speak of is subtle. It has no iron chains, but chains of social approval. They tell you: “Be yourself”, but they add an invisible asterisk that whispers: “…as long as you’re the way we want you to be”.

The Uruguayan writer Eduardo Galeano said: “At the end of the day, we are what we do to change who we are”. And in my case, being “not normal” is the most honest act of resistance I have been able to carry out. It’s refusing to be an interchangeable pawn on the chessboard of those who hold the reins of power. If being ‘normal’ means accepting collective blindness and complicit silence, then my ‘strangeness’ is my badge of honour.

Sometimes, being an alien in this world doesn’t mean you’re far from home, but that you’ve decided not to build your home on the lies that others accept as truths —isn’t that right, my dear @issymarie2?— I don’t fit in, it’s true, but who would want to fit into a mould that demands you clip your own wings just to get in?

Today I’m celebrating my oddity because, in a world of shadows cast by those in power, being a ‘weirdo’ is the only way to ensure that, despite everything, you remain deeply human —what do you think, my friend @emiliorios?—.




Come and participate; there's still time. You can find all the information daily in the #Freewritehouse Community. Specifically, today's prompt post:


PROMPT: «I’m not normal»





Cover of the initiative.










Dedicated to all those writers who contribute, day by day, to making our planet a better world.


















El Desafío de Habitar mi Propia Rareza

Hoy es viernes, y la frase que flota en el aire golpea como un espejo frente al rostro: "I’m not normal". No soy normal. Para muchos, esta confesión suena a derrota o a autocompasión; para mí, ha sido el diagnóstico de mi libertad desde que tengo memoria.

Crecí con la sospecha constante de haber aterrizado en el planeta equivocado. Mientras el resto del mundo parecía seguir una coreografía ensayada —rezar a un Dios específico, votar por el "menos malo", encajar en un molde profesional, callar ante la injusticia por "educación"—, yo me quedaba al margen, observando los hilos del titiritero. Siempre a contracorriente..., siempre sintiendo el frío de quien no se arropa con las sábanas de la masa.

Lo que llamamos "normalidad" no es un estado natural de la conciencia humana; es, en realidad, un corral diseñado por la arquitectura del poder. Michel Foucault lo explicó con precisión y amo esa frase: la sociedad funciona como un panóptico donde la política y la religión no solo dictan leyes, sino que fabrican "normalidades" para que seamos nosotros mismos quienes nos vigilemos. Si te sales del carril, si cuestionas el dogma o desafías el discurso oficial, el sistema activa su mecanismo de defensa: te etiqueta como antisocial, como un "bicho raro", como alguien que "no encaja".




Me es inevitable pensar en la distopía de Divergente. En esa ficción, el pecado capital no es la maldad, sino la imposibilidad de ser clasificado. Los "Divergentes" son peligrosos porque no pertenecen a una sola facción; son demasiado complejos para ser controlados. El sistema necesita que seas una sola cosa para poder predecirte —manejarte—. Si eres muchas cosas, o si eres simplemente tú mismo fuera de sus etiquetas —estereotipos—, te vuelves un error en la matriz. Te vuelven un blanco.

Esa "esclavitud pasiva" de la que hablo, es sutil. No tiene cadenas de hierro, sino de aprobación social. Te dicen: "Sé tú mismo", pero añaden un asterisco invisible que susurra: "…siempre y cuando seas como nosotros queremos que seas".

El escritor uruguayo Eduardo Galeano decía: "Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos". Y en mi caso, ser "no normal" es el acto de resistencia más honesto que he podido realizar. Es negarme a ser una pieza intercambiable en el tablero de quienes ostentan el control. Si ser normal implica aceptar la ceguera colectiva y el silencio cómplice, entonces mi "rareza" es mi medalla de honor.

A veces, ser un extraterrestre en este mundo no significa que estés lejos de casa, sino que has decidido no construir tu hogar sobre las mentiras que los demás aceptan como verdades —¿cierto? mi querida @issymarie2—. No encajo, es cierto, pero, ¿quién querría encajar en un molde que te exige recortarte las alas para poder entrar?

Hoy celebro mi anomalía porque en un mundo de sombras proyectadas por el poder, ser un "bicho raro" es la única forma de asegurarse de que uno sigue siendo, a pesar de todo, profundamente humano —¿qué opinas amigo @emiliorios?—.




Ven y participa; aún estás a tiempo. Toda la información la podrás encontrar cada día en la Comunidad #Freewritehouse. Específicamente, el día de hoy, aquí la publicación del prompt:


PROMPT: LITERAL: «no soy normal»





Portada de la iniciativa.






Dedicado a todos aquellos que, día a día, con su arte, hacen del mundo un lugar mejor.








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Así es mi buen amigo @amigoponc, encajar es lo buen visto y quien sale del molde esta mal, es cierto lo que dices, por un lado nos alientan a ser como somos, pero por otro lado, si igual que al cachorro cuando esta creciendo, le jalan la cadena para que deje de portarse "mal", en ese sentido nos tratan como animales que deben ser adieztrados, pero ¿por quién o quiénes?
. Ahí entran los poderosos, esos seres que lamentablemente uno mismo sube al poder mediante el voto, ese que llegue en medio de las "falacias adornadas" qué a tantos les gusta y al que no las creen ¿qué ocurre? Nos cuelgan la etiqueta de la incredulidad.

Es mejor ser distintos, reales y honestos con uno mismo por más que nos desaprueben qué ser un eslabón idéntico de la misma cadena, cuando si miramos con detención, esos eslabones duros y fríos, suelen ser ligeramente distintos entre ellos nismks.

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Antes de publicar, estaba seguro de que mis letras harían comparsa contigo. Me alegra leerte.

Todos somos distintos, pero algunos somos extraterrestres porque no encajamos del todo en la sociedad que nos alberga.

Gracias por complementar mi publicación con un comentario de otro planeta, jejeje. Un abrazootee de oso.

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Me hizo recordar que hubo un tiempo en que yo decía que era de Ganímedes, a propósito de un libro que leí un su momento.
Fueron años luchando contra esto hasta que creé mi propio mundo, mi casa, mis espacios, mis trabajo, mi gente... No lograba sentirme a gusto ni encajar:

"Esa "esclavitud pasiva" de la que hablo, es sutil. No tiene cadenas de hierro, sino de aprobación social. Te dicen: "Sé tú mismo", pero añaden un asterisco invisible que susurra: "…siempre y cuando seas como nosotros queremos que seas"."

Debe ser por eso que me llegan los trabajos de @issymarie2 quien no responde a patrones y se despliega como única sin miedos aparentes.
Igual he aprendido a respetar ese poder que tien la masa para no dejarte fluir cuando te diferencias mucho, apremdiendo a manejar el entorno sin dejar que el entorno sea el verdadero entorno en el que habitas.
Tal vez por eso somos más cautelosos pero menos teñidos de normalidad.
Y aquí aún podemos, con cuidado, plasmar ideas.
Yo no celebro mi anomalía, es verdad, pero la disfruto porque me ha permitido servir adecuadamente creando conciencia y trabajando para que se vea lo justo o lo que debería ser.
Peroe s una lucha.
Me alegra haber leído este post, @amigoponc
Somos muchos.

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La edad con sus experiencias nos hacen "más cautelosos". También tengo presente a mi amiga @issymarie2 porque al igual que yo es un "extraterreste".

Gracias por enriquecer mi publicación con sus palabras y agradecido que haya atendido el llamado.

Un calurozo abrazo lleno de bendiciones.

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