[Esp./Eng.] El Crujido de la Piel de Polietileno. || The Crinkling Sound of Polyethylene Film.
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Atendiendo a la sugerente invitación de la comunidad Zona de Escalofríos y siguiendo el rastro dejado por mi amiga @issymarie2, quien gentilmente me ha invitado por medio de su publicaciónFrío blanco ¿una pesadilla real? 🏔️. Debo aclarar, antes de que las sombras se alarguen, que camino por la vida bajo la luz de la razón; no soy hombre de creer en cuentos ni en espantos de camino. Sin embargo, como quien observa un cuadro antiguo, respeto profundamente las creencias ajenas y el peso que el mito tiene sobre la realidad. Mi abuela no permitía que le tomaran fotos, ella pensaba que la foto atraparía su espíritu. Quizá estas imágenes y su historia hayan captado la esencia de mi sobrina Gilda cuando apenas tenía cinco años.
El Crujido de la Piel de Polietileno
Hay fotografías que no guardan recuerdos, sino advertencias. La imagen que tengo frente a mi pantalla, rescatada del baúl de los archivos familiares, muestra a mi sobrina, Gilda, en una tarde de octubre que todos preferiríamos borrar de la memoria.
En aquel entonces, la economía no permitía lujos. Decidimos fabricar su disfraz con lo que teníamos a mano… bolsas negras de basura, cinta plateada y un viejo sombrero de cartón. Lo que comenzó como un juego de manualidades terminó convirtiéndose en el prólogo de una pesadilla. Mientras pegábamos los trozos de plástico a su pequeño cuerpo, el ambiente en la casa cambió. El aire se volvió denso, cargado de un olor a ozono y a tierra húmeda que no tenía explicación.
—Tío, esta piel nueva está fría —me dijo Gilda mientras le ajustábamos el cinturón de plástico.

Yo me reí, atribuyéndolo a su imaginación infantil. Pero cuando terminó de vestirse y se puso frente a la pared blanca del patio, supe que algo andaba mal. Gilda no sonreía. Su mirada, capturada en estas tres poses, no era la de una niña de cinco años. Era una mirada antigua, cargada de una sabiduría malévola que no le pertenecía.
En la primera foto, se puso en jarras. El plástico crujió, pero no fue un sonido normal; sonó como cientos de insectos rompiendo sus capullos al unísono.
—Gilda, mira a la cámara —le pedí, sintiendo un escalofrío.
—No soy Gilda —respondió ella con una voz que parecía venir de ninguna parte y de todas a la vez—. Soy la que camina entre los desechos.

En la segunda toma, su postura se volvió rígida. El sombrero puntiagudo, adornado con esa cinta plateada que brillaba de forma antinatural bajo el sol gris, parecía una antena receptora de frecuencias prohibidas. Fue entonces cuando los perros del vecindario comenzaron a aullar, como quien presagia la muerte, como si presintieran la presencia de un depredador invisible.
—¿A quién le hablas, cariño? —pregunté, con la cámara temblando en mis manos.
—A las sombras que viven en las bolsas —dijo ella, cruzando los brazos en la tercera posición—. Dicen que el negro es el color del hambre, tío. Y ellas tienen mucha sed.
De repente, una ráfaga de viento helado azotó el patio. Las bolsas de su disfraz comenzaron a agitarse con una violencia frenética, como si quisieran desprenderse de ella y cobrar vida propia. Por un segundo, juraría que los pliegues negros del plástico formaron rostros suplicantes que intentaban escapar de la costura.

Esa noche, Gilda no quiso quitarse el disfraz. Dormía en el suelo, y el sonido de su respiración se mezclaba con el shhh-shhh constante del polietileno rozando las baldosas. Cuando por fin logramos quitárselo a la mañana siguiente, encontramos que su piel real tenía marcas de cinta plateada en lugares donde nunca la habíamos puesto. Marcas que formaban símbolos que ningún libro de historia jamás ha registrado.
Hoy, años después, al ver estas fotos, comprendo que no estábamos disfrazando a una niña de bruja. Estábamos construyendo un recipiente. El plástico no era un material barato; era una mortaja moderna.
Nunca subestimes el poder de lo que creas con tus manos; a veces, la oscuridad solo necesita una forma simple, un poco de cinta y el silencio de una tarde gris para encontrar un hogar en nuestro mundo.

Portada de la iniciativa.
A ver si se animan, el amigo @silher y la amiga @chironga67.
Dedicado a todos aquellos escribas que contribuyen, día a día, a hacer de nuestro planeta, un mundo mejor


In response to the enticing invitation from the The Chills Zone. community and following the trail left by my friend @issymarie2, who has kindly invited me via her postWhiteout – a real-life nightmare? 🏔️. I must clarify, before the shadows lengthen, that I walk through life guided by reason; I am not one to believe in tall tales or ghostly apparitions along the way. However, like someone gazing at an old painting, I deeply respect the beliefs of others and the weight that myth carries over reality. My grandmother wouldn’t let anyone take photos of her; she thought the photograph would trap her spirit. Perhaps these images and their story have captured the essence of my niece Gilda when she was just five years old.
The Crinkling Sound of Polyethylene Film
There are photographs that do not preserve memories, but rather serve as warnings. The image on my screen, unearthed from the family archive, shows my niece, Gilda, on an October afternoon that we would all prefer to erase from our memories.
Back then, the economy left no room for luxuries. We decided to make her fancy dress costume from whatever we had to hand… black bin bags, silver tape and an old cardboard hat. What began as a craft project ended up becoming the prelude to a nightmare. As we stuck the pieces of plastic onto her little body, the atmosphere in the house changed. The air grew thick, laden with an inexplicable smell of ozone and damp earth.
‘Uncle, this new skin is cold,’ whispered Gilda as we fastened her plastic belt.

I laughed, putting it down to her childish imagination. But when she’d finished getting dressed and stood in front of the white wall in the courtyard, I knew something was wrong. Gilda wasn’t smiling. Her gaze, captured in these three poses, wasn’t that of a five-year-old girl. It was an ancient gaze, laden with a malevolent wisdom that didn’t belong to her.
In the first photo, she stood with her hands on her hips. The plastic crinkled, but it wasn’t a normal sound; it sounded like hundreds of insects breaking out of their cocoons in unison.
‘Gilda, look at the camera,’ I asked, feeling a shiver run down my spine.
‘I’m not Gilda,’ she replied in a voice that seemed to come from nowhere and everywhere at once. ‘I’m the one who walks amongst the rubbish.’

In the second shot, her posture became rigid. The pointed hat, adorned with that silver ribbon that glinted unnaturally in the grey sunlight, looked like an antenna picking up forbidden frequencies. It was then that the neighbourhood dogs began to howl, as if foreshadowing death, as if they sensed the presence of an invisible predator.
‘Who are you talking to, darling?’ I asked, the camera shaking in my hands.
‘To the shadows that live in the bags,’ she said, crossing her arms in the third position. ‘They say black is the colour of hunger, Uncle. And they’re very thirsty.’
Suddenly, a gust of icy wind lashed across the courtyard. The bags of her costume began to flutter with frenzied violence, as if they wanted to break free from her and take on a life of their own. For a second, I could have sworn that the black folds of the plastic formed pleading faces trying to escape from the seams.

That night, Gilda didn’t want to take off her fancy dress. She was sleeping on the floor, and the sound of her breathing mingled with the constant shhh-shhh of the polythene rubbing against the tiles. When we finally managed to take it off her the next morning, we found that her real skin bore marks from silver tape in places where we’d never put it. Marks that formed symbols that no history book has ever recorded.
Today, years later, looking at these photos, I realise that we weren’t dressing a little girl up as a witch. We were building a vessel. The plastic wasn’t just a cheap material; it was a modern shroud.
Never underestimate the power of what you create with your own hands; sometimes, darkness only needs a simple shape, a bit of tape and the silence of a grey afternoon to find a home in our world.

Cover of the initiative.
Let's see if our friends @cirangela and @sacra97 fancy giving it a go.
Dedicated to all those writers who contribute, day after day, to making our planet a better world.

Si es ficción diré que wow, si es real diré que miedo, las poses de la pequeña ante la cámara de manera seria, como si fuera otra persona.
Simplemente genial, un relato digno de ser contado en una fogata de noche de brujas.
Como decía mi abuela: "De que vuelan..., vuelan." Te confiezo que no soy un gran creyente de estos misterios; como sabes, mi formación es más científica y abstracta.
Gracias por tu valoración. Dejo la duda de si es ficción o realidad... Bendiciones.
Yo mejor pensaré que es ficticia, aunque se que Halloween suele hacer sus tetras y debajo de esos disfraces, ahora nuevas pieles gracias a tu relato, siento que no hay solo niños o adultos tras esas máscaras de espantos.
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Gracias, no pensé que valoraran este tipo de contenido "maléfico", jejeje. Bendiciones.
Todo un relato para que nos entre la duda y el miedo en una buena reunión. Muchísimas gracias por la invitación. Un abrazo.
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Amiga @sacra97, te confieso que estos no son temas acordes para mí; no soy nada creyente en espantos y cosas de la ultratumba. Espero leer su entrada. Bendiciones.
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Muchas gracias por ser parte del averno de #Hive.
Que espectacular historia y basada en esas fotografías. Es verdad la oscuridad necesita muy poco para estar en este mundo y hacer de las suyas.... saber de esas marcas es escalofriante. Muchas gracias por tu participación!!😃
Cuando el medio que se utiliza es la inocencia de un niño, se le hace más fácil su presencia.
Por eso hay que cuidar mucho de los niños, para que la maldad no los atrape.
Ese es el preciso momento en el que yo me habría retirado del lugar jajajaja, pero wow, era tu pequeña de cinco años, que momento!!!! Que buena historia amigo, especialmente por tu manera de narrar, tan específica de los acontecimientos y esas fotografías, simples, pero con una carga impresionante que ambientan totalmente el texto. Bravo!!!
Me gusta mucho como vas contando la historia alrededor de las fotos y las descripciones geniales que nos hacen imaginar aquel momento, aquella foto y lo espeluznante que rodeaba esa ocasión. Muy buen trabajo
Gracias por compartir tu historia de escalofrío con nosotros.👻
Una excelente noche con muchos espantos.